Derrotes

cospedalLos toros, cuando están heridos y acorralados contra las tablas, se defienden con movimientos bruscos de cabeza buscando una salida imposible a su inevitable destino. Más o menos así se ha intentado guarecer el PP del intenso chaparrón que le está cayendo encima en las últimas fechas, de mucha significación en la antesala de las elecciones vascas y gallegas del 1 de marzo. Los derrotes dialécticos más frenéticos, más furiosos, más delirantes han sido pronunciados por María Dolores de Cospedal, la número dos de Mariano Rajoy. ¿Quién o quiénes tienen la culpa de que en Madrid haya una guerra campal entre familias, con espías y dossiers por doquier? ¿Quién o quiénes son los responsables de la trama de corrupción destapada por el juez Baltasar Garzón con varios ex altos cargos del PP presuntamente pringados? ¿A quién o quiénes hay que despellejar porque el recién dimitido cabeza de lista del PP por Orense, Luis Carrera, haya defraudado a Hacienda? Para Cospedal, no es más que una campaña de acoso de Garzón, el fiscal general del Estado, del Ministerio de Interior o del PSOE. Y dentro de su delirio ha recordado Filesa y los GAL, es decir, la prehistoria. Resulta que la denuncia del caso de corrupción, al igual que el escándalo del espionaje, sale de las propias filas del PP, hartos del chantaje y el olor fétido a cañerías en los aledaños de muchos ayuntamientos. Por consiguiente, la reacción de Cospedal demuestra que el principal partido de la oposición está tocado, sitiado entre sus trifulcas internas y los casos de corrupción que les brotan como un sarpullido inaguantable. Más que huidas hacia delante hacen falta explicaciones claras y medidas profilácticas, un cordón sanitario que aparte las manzanas podridas del canasto… También sobran las broncas al tendido. Los han cogido con el carrito de los helados y eso escuece…