Mal de muchos…

… no es consuelo para nadie. La destrucción de empleo está sacudiendo las economías del primer mundo. Se encienden las luces de alarma en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y, lógicamente, en España. No somos una excepción en el preocupante panorama económico globalizado.

La crisis cabalga desbocada y no hay ningún gurú que sea capaz de domarla. Los desmanes del sistema financiero de antaño, socorridos con urgencia por los distintos gobiernos, están derivando en una profunda recesión económica con incidencia directa y dramática en la actividad productiva y en las rentas familiares a través del aumento de las cifras del paro. La acción concertada de los gobiernos de la UE no acaba de poner freno a esta crisis, en Estados Unidos las medidas de la Casa Blanca no tienen tampoco un efecto inmediato. Esta crisis se comporta como esos brotes de una patología desconocida para la que no hay tratamiento y los científicos empiezan a buscar a la desesperada fórmulas para combatirla.

No sabemos cuándo va a escampar… Eso sí, esperemos que las medidas impulsadas por las distintas administraciones empiecen a surtir efecto en un corto plazo para mitigar esta sangría en el empleo. El sistema ha de reaccionar en algún momento con la masiva inyección de dinero público.

No busco culpables, pero echo en falta a esos empresarios que durante más de una década han obtenido beneficios exorbitantes. ¿Dónde está el dinero que han ganado en este tiempo? Aquí se está extendiendo una dinámica perversa: en los buenos momentos nos ponemos las botas y en los malos socializamos las pérdidas chupando de la teta del Estado y no asumiendo ni el más mínimo riesgo. Y la patronal anunciando convenios a la baja y erre que erre con sus machaconas plegarias para la contención de salarios y el abaratamiento del despido.

Nos queda un trecho duro por recorrer aún. No hay consuelo posible. Bueno, uno, el modelo económico basado en el ultraliberalismo está liquidado. Es el principal responsable de este naufragio mundial.