Jugada maestra

La negociación del futuro modelo de financiación autonómica sigue superando escollos. Son normales las tensiones, el tira y afloja de unos y otros para ganar posiciones en la definición de las reglas del reparto del dinero para las autonomías durante los próximos años. Se trata de componer un puzle complicado donde todos nos sintamos cómodos. Es una tarea harto difícil, se cruzan demasiados intereses. El Gobierno de España sigue trabajando con sigilo, ganando apoyos, aunando voluntades. Así, ha quebrado la estrategia del PP: el nuevo sistema no pretende dar satisfacción sólo a Cataluña, sino al conjunto del mapa autonómico. Andalucía y la comunidad de Madrid, presidida por Esperanza Aguirre, le han dado su respaldo a la propuesta que está articulando el Ministerio de Economía y Hacienda. El principal partido de la oposición pretendía agitar una vez más los fantasmas del anticatalanismo para desgastar al Ejecutivo socialista y Aguirre ha tirado por tierra la hoja de ruta diseñada en la sede Génova. Después de Madrid tendría que venir el sí de Valencia, una de las más beneficiadas por el nuevo modelo. Si Francisco Camps, presidente valenciano, no actúa con sectarismo y se sube al carro de los intereses generales, Mariano Rajoy se va a quedar compuesto y sin novia. El responsable popular de Economía, el ex ministro Cristóbal Montoro, ha expresado en público su pataleta y le ha pedido al Gobierno que negocie con el PP y no con las autonomías. Una salida que evidencia que han perdido el control, que están descolocados, que el movimiento táctico del gabinete socialista ha dejado su jugada al descubierto. Los últimos encuentros de José Luis Rodríguez Zapatero con Manuel Chaves y Aguirre han dado buenos resultados. Queda por dilucidar algunos flecos y, sobre todo, conseguir el consenso de las quince autonomías, el gran pacto de todos se antoja necesario e imprescindible.