Hasta en la sopa

Lo confieso: me está saturando la campaña de las presidenciales de Estados Unidos. Estoy hasta… el gorro. Tenemos a Barack Obama y a John McCain hasta en la sopa. Y si no quieres caldo, dos tazas. Joseph Biden y Sarah Palin se nos cuelan de propina. ¡Qué pesadez! Los medios de comunicación españoles están dispensando una cobertura similar a la de unos comicios generales en nuestro país. No quiero parecer iluso ni utópico: no podemos abstraernos de la influencia del ‘imperio’. Pero una cosa es pertenecer a un mundo globalizado donde el líder tiene su ascendencia (entre otras cosas, por falta del competidor fuerte que podría ser una verdadera Unión Europea) y otra esa sensación de absoluta dependencia. Se nos pone al tanto de cada paso que dan los aspirantes, se difunden entrevistas a los litigantes, se retransmiten en directo los debates y además estos cara a cara monopolizan las tertulias de la radio y de la televisión, nos bombardean con las encuestas, se cuelgan especiales en los sitios web de cada medio… Una retahíla interminable de información que nos ayuda a alcanzar hasta el más mínimo detalle: conocemos a la hija embarazada de Palin, a Joe el fontanero, las inversiones de la número dos republicana en el Ibex 35, incluso a la chica de Obama (¡menos mal!)… Tanta información me apabulla. Con este tratamiento desmedido, en cierta medida, demostramos nuestra posición genuflexa hacia Estados Unidos, como si nuestro futuro estuviera más en sus manos que en las nuestras. Quiero que gane Obama por un amplio abanico de razones, no me cabe ninguna duda. Sólo espero que cuando se recuenten los votos y acceda a la Presidencia sea capaz de imprimir un giro ostensible al rol de gendarme internacional autoritario y caprichoso desplegado por George W. Bush durante los últimos ocho años. Confío en que Obama lleve a la praxis su discurso de ampliar consensos y construir coaliciones frente a la imposición de la política exterior desde Washington. Tengo esperanzas en que el cambio de mentalidad y de estilo es posible si Estados Unidos cuenta con el primer presidente negro. Espero no decepcionarme y que no se haga real el viejo chiste de que los más parecido a un republicano norteamericano es un demócrata. En cualquier caso, Bush se lo ha puesto muy, muy fácil a Obama. Quedan sólo dieciocho días para las elecciones. ¡Qué descanso!