Radiografía

Mi querida amiga bloguera de Agujetas electorales ha redactado un post memorable y sagaz, que casualmente coincide con mis sentimientos más profundos. Es pura casualidad… ¿O tal vez no? Me he sentido reflejado. Parece que hubiera buceado entre mis neuronas, las hubiera ordenado y dispuesto en formación de combate con la realidad. Es como si hubiera escrutado mis interiores con un telescopio de muchos aumentos, o me hubiera pasado por su escáner con tacto y sigilo, o que con su particular máquina de rayos X hubiera compuesto una radiografía nítida de mi momento vital con una enorme dosis de observación y una pizca de intuición para interpretar los gestos más insignificantes. Me hubiera gustado escribirlo a mí, pero lo ha hecho ella. Posiblemente, con más sensibilidad, con más precisión y con más objetividad… Y con un estilo admirable. Como he disfrutado leyendo este texto lo reproduzco íntegro para responder a su invitación de recuperar sus sugerentes palabras:

“Sé que alguien recupera mis palabras.

Alguien capaz de bucear conmigo por los escondrijos de la cotidianeidad. Por las esquinas rotas de la conciencia, por los adoquines de la vida.

Sé que transforma sus silencios en páginas de libro. De poemas, de historias. Que muere un poco cada día en la letra de cualquier canción, de algún recuerdo o de un instante.

Alguien que entiende que la soledad también puede ser una llama. Que prende. Que vive.

Alguien que algunas noches puede encogerse junto a su almohada y descubrir la importancia de estar aquí. Vivos, conscientes, enteros. Que recupera el aliento cuando parece que todo termina y que recorre kilómetros sin levantarse.

También sé que a veces no hay mejor compañía que la luz de la mesita y unas buenas páginas. Quizá el breve sonido de un coche que pasa, despacio, al otro lado de la calle.

Para los que andan por ahí. Sin obligación. Sin más.”