Nocturna

septiembre 27, 2008

Cada año es una gran fiesta. El último viernes de septiembre tiene lugar la carrera popular por antonomasia de Sevilla: la Nocturna del Guadalquivir. Vienen aficionados entusiastas de toda la provincia y de las limítrofes (Cádiz, Huelva, Córdoba y Badajoz). Unos diez mil corredores (si correr es de cobardes, cada vez quedan menos valientes) nos apoderamos de las calles de la Cartuja, de Torneo o del Paseo Colón. Son sólo doce kilómetros (12.060 metros exactamente) que discurren junto al río con final en el Estadio Olímpico. He participado en las últimas nueve ediciones de las veinte celebradas hasta la fecha. Este año he llegado algo peor preparado que en otras ocasiones, aún así he respondido a mis expectativas: pensaba cubrir el trazado, eminentemente plano, entre 52 y 53 minutos y crucé la meta cuando el crono oficial marcaba 52’59” (33 segundos más que en 2007). Hice una carrera de más a menos, empecé fuerte y fue perdiendo algo de fuelle, especialmente entre los kilómetros seis y ocho. Lo importante en las carreras de fondo es resistir, no dejarse llevar por la tentación de abandonar, esos baches si estás medianamente entrenado se suelen superar con el paso de los kilómetros, es una cuestión, en la mayoría de los casos, de fortaleza psicológica. Este acontecimiento deportivo coincidía en tiempo con relevantes citas musicales: pasamos junto a la puerta del Teatro Maestranza cuando los seguidores del flamenco salían de disfrutar con el espectáculo ‘Autorretrato’ de María Pagés, mientras en el Central sonaban acordes de la guitarra de Pedro Sierra en su obra ‘Tres Movimientos’ y en la otra orilla del río, en el Auditorio, Amaral hacía vibrar a los asistentes a su concierto y el torrente de decibelios amenizaba el paso de los corredores con los sones de ‘Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir el universo sobre mí, quiero correr en libertad…’. Y en eso estábamos, tremenda casualidad, corriendo entre los puntos kilométricos seis y siete. Poco antes del ocho, estaba ella, la chica del graffiti, como siempre con su mirada azul, sus labios carnosos y su belleza arquetípica, dando ánimo sin hablar. Y es que parte del recorrido de la carrera concuerda con mi itinerario habitual de entrenamiento. A partir de ahí, la búsqueda de la meta. Entrar en el Estadio, pisar el tartán, tiene un efecto balsámico, se te olvida el cansancio, te sientes flotar en un Olimpo particular. Objetivo cumplido. El año que viene, también.

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Una respuesta to “Nocturna”

  1. william wallace Says:

    Hola, encontré tu blog buscando información de la carrera. Yo fui con tres amigos, íbamos los cuatro vestidos de braveheart, jeje, pero no creo que nos vieras, porque salimos de meta con 10 minutos de retraso e hicimos el recorrido en una hora, así que llegaríamos a meta a la hora y 10 minutos y viendo el tiempo que tú hiciste no nos habremos visto. Bueno, que enhorabuena por acabar la carrera una vez más y espero que dentro de un año vuelva a encontrarme tu blog contando lo propio un año más y leerlo yo con agujetas en las piernas como hoy, un abrazo!


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