Amistad

septiembre 9, 2008

“Uno de los privilegios que Mario Conde no se cansaba de agradecerle a la vida era el tener tres o cuatro buenos amigos. Sus casi cincuenta años gastados en el mundo le habían enseñado, a veces de manera perversa, que pocos estados suelen ser más frágiles que la amistad, y por eso protegía, como un fundamentalista, su sedimentada fraternidad con el flaco Carlos, Candito y El Conejo, pues la consideraba uno de sus bienes supremos”. (Leonardo Padura, La neblina del ayer).

Estaba ayer comiendo con uno de mis grandes amigos, uno de esos cinco o seis que hay que proteger como una especie en peligro de extinción, y llegamos a idéntica conclusión sobre la amistad. Horas después, cuando el día expiraba al son de las doce campanadas del reloj de mi barrio, me topaba con este pasaje (se nota que me estoy leyendo el libro y que me está deleitando tanto la trama como las reflexiones sobre la vida, es la segunda vez que me inspiro en él para un post en el plazo de dos días). La charla de sobremesa resultó premonitoria. Creo en el valor supremo de la amistad, muchas veces (no todas) incluso por encima del vínculo de la sangre. Al amigo se le elige, el familiar te toca. En mi última crisis personal me aferré a mi círculo más íntimo como el náufrago a un tablón en alta mar. Conseguí llegar a la costa impulsado por esa corriente de afecto. Me siento afortunado de contar con esta gente dispuesta a echar una mano en cualquier momento, a compartir su tiempo, a ofrecer lo que tiene… y siempre con el corazón en la mano, sin pedir nada a cambio. En la amistad no hay cuenta de resultados, ni debe ni haber, es desinteresada, generosa y supone un compromiso sincero. Por eso, en esa conversación reposada de café distinguimos también entre la verdadera amistad, inquebrantable y perdurable durante años, frente a la pose arribista de la conveniencia, que responde al ‘tanto tienes, tanto vales’ y cuando cambian las circunstancias, ‘si te he visto, no me acuerdo’. La amistad es un jardín que hay que cuidar siempre para que no se convierta en erial. Yo disfruto siendo jardinero de mis emociones.

Vídeo: Amigos para siempre, de José Carreras y Sarah Brightman. (Me hubiera gustado colgar la canción de Serrat Decir amigo, pero no he encontrado un vídeo que me guste en Youtube).

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