Marcha atrás inevitable

septiembre 6, 2008

El Gobierno ha aclarado el lío en que solito se metió el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho. Aplicando una regla de tres simple, demasiado simple, éste concluyó que si está aumentando el desempleo como consencuencia de la crisis económica internacional, que afecta lógicamente a España, no sería necesaria la contratación de inmigrantes en sus países de origen ya que hay mano de obra disponible en las oficinas del INEM (el SAE en Andalucía). La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, corrigió sin hacer sangre a su compañero de gabinete y el propio Corbacho ha acabado de deshacer el entuerto rectificando su desafortunada propuesta. El cierre de las fronteras a ese flujo de trabajadores extranjeros no se puede decretar de manera unilateral; debe estar sujeto a la demanda del mercado laboral. Los inmigrantes contratados vienen a cubrir plazas que los españoles no queremos, es decir, no nos quitan el trabajo. Hace años que los braceros de fuera se dedican, casi exclusivamente, a las campañas agrícolas (la fresa, los cultivos bajo plástico o la recolecta de la aceituna) y a la construcción. Sé que los teléfonos de la Dirección General de Inmigración de la Junta de Andalucía no han dejado de sonar. Los empresarios han manifestado su malestar con este cierre de fronteras y su preocupación por la ausencia de mano de obra específica y preparada para la labor en el campo. Bien está lo que bien acaba. El anuncio de Corbacho se ha quedado en eso, en un mero anuncio que ha declinado en poco más de 72 horas. La política de inmigración desarrollada por el Gobierno socialista había puesto orden en el guirigay heredado de los ocho años del Partido Popular. Y uno de los principales aciertos ha sido favorecer cauces legales para que los extranjeros puedan trabajar aquí, retornando posteriormente a sus países, y combatir así la inmigración ilegal. El Gobierno mantiene la misma política. ¡Ufff! Bienvenida la rectificación.

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