El ciclismo nos brinda otra alegría

Primero, el Giro de Italia. Después, el Tour de Francia. Y ahora la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín. El ciclismo no cesa de depararnos alegrías a sus seguidores. Samuel Sánchez puso el broche de oro a la exhibición del equipo español en la prueba de ruta. Junto al asturiano se enfundaron también la elástica de la selección española Sastre, Contador, Valverde y Freire, un grupo de garantía y muchos quilates. La prueba transcurrió como una clásica o un campeonato del mundo, salvo que las escuadras nacionales sólo podían disponer de un máximo de cinco corredores, con lo que se contaban con menos piernas para el desgaste, la estrategia y el control de la prueba. En un circuito exigente, muy accidentado, con poco terreno plano y con la presencia majestuosa de la Gran Muralla como testigo de excepción, los dos países con aspiraciones, España e Italia, dominaron la marcha del pelotón. En la última vuelta, ya con el grupo de los elegidos para el oro, comenzó el carrusel de ataques en la subida, dura con tramos de hasta el diez por ciento. Samuel cogió la escapada buena con el transalpino Rebellin y el menor de los Schleck, de Luxemburgo. Este trío fue alcanzado sobre la pancarta del último kilómetro por otro terceto. El suizo Cancellara, una locomotora humana, metió en liza por las medallas al ruso Kolobnev y al australiano Rogers. Mil metros con fuerte desnivel para jugarse más de seis horas de esfuerzo bajo un calor sofocante al todo o nada. Samuel Sánchez fue el más rápido y dejó a Rebellin, abuelo de la prueba a sus 37 años, con la plata. El último peldaño del podio lo completó Cancellara. Todos esperaban un final entre Valverde y el italiano Bettini. Cambiaron los actores, pero los colores en la disputa fueron los mismos. Primer día de competición en Pekín y primer oro. Gran comienzo. Esperemos que sea un indicio de por dónde va a discurrir la participación española en los Juegos Olímpicos. Crucemos los dedos.

Anuncios