Imagen

 

No es más que una parodia. Y como toda recreación en clave humorística tiene mucho de exageración y de deformación de la realidad. ¡Menos mal! Si ésa fuera la imagen exacta que la sociedad tiene de los políticos sería para echarse a llorar. Se dibuja a un representante público cínico, desahogado, descarado, manipulador… y sinvergüenza. Vamos, un prenda, una joya. Ésta y otras piezas de humor se apoyan en una percepción parcial y cierta de la realidad sobre la que se carga las tintas, se amplifica o se infla. Es decir, existe una base que permite construir la ironía, el sarcasmo y la hipérbole. Este tipo de crítica (por muy sainete que parezca es aguda y acerada) nos debería hacer reflexionar a los políticos de cuál ha de ser nuestro comportamiento ante la ciudadanía y hacer algo para corregir entre todos la imagen estereotipada que, a veces, se tiene de nosotros. El político tiene que huir de la demagogia, del populismo, del electoralismo y de la frivolidad. No sería necesario decirlo, pero es una obviedad que no está de más recordar. Sólo se sirve de la política o manosea la política quien no cree en ella como palanca de transformación de la sociedad. No todos son (o somos) iguales. Al menos, es un alivio.

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