Silencios

julio 30, 2008

Si no tenemos nada interesante que decir, mejor permanecer con la boca cerrada. Si la impaciencia nos empuja a descerrajar nuestros sentimientos más viscerales, circulamos en la dirección del conflicto. Si nos pronunciamos con el deseo, orillamos la reflexión y la prudencia. Tenemos la manía de hablar más de la cuenta, de refugiarnos en circunloquios, de estirar nuestras perífrasis, de dar rienda suelta a nuestra verborrea. Un comportamiento típicamente latino que nos despeña por los acantilados de la incontinencia y de la vacuidad. Sostiene un dicho alemán que el habla es plata, pero el silencio es oro. Construimos nuestro universo con palabras, la comunicación es la característica esencial del género humano. Nos empachamos de sustantivos, verbos, adverbios o conjunciones; de predicados, complementos del nombre y sintagmas… Bla, bla, bla… Busco ese puerto natural de los silencios, donde sólo se escuche la brisa suave del mar, la cadencia del romper de las olas, el grito atenuado de la naturaleza. Persigo ese encuentro interior que me conduzca al significado verdadero de las cosas. Sencillamente, pretendo adueñarme de mi tiempo, ser el usufructuario de mi descanso y de mis silencios, al menos durante este periodo de vacaciones.

Vídeo. Madredeus, versión acústica en las Azores.