Me voy

julio 28, 2008

Llegó el día señalado con círculo rojo de rotulador en el calendario. Afronto mis últimas horas de trabajo antes de las vacaciones con una serenidad impropia, con cierto desapego, como si no fuera conmigo la cosa. La urgencia que me empujaba hace unas fechas ha desaparecido, se ha diluido con la canícula, la he domesticado con dosis inusuales de paciencia. El manjar está al alcance de la mano y parece que haya perdido el apetito. Inexplicablemente. Se trata de una especie de síndrome de Estocolmo… ¿O es que ya he ido desconectando poco a poco en las últimas jornadas? No he vivido un aterrizaje forzoso, brusco, con ansiedad, ha sido más bien un suave descenso, calculado y pautado, que me ha conducido a aguas calmas en mi interior. Lo cierto es que me voy, me tomo mi descanso estival. Lo hago con mesura, con pausa, con sosiego, pero un deseo soterrado que tiende aflorar cuando pienso en lo que me queda por delante. Bon voyage.

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