Crisis

julio 25, 2008

Los datos que se conocen cada día demuestran la profundidad de la crisis económica internacional. En todos los países de la UE y en Estados Unidos las turbulencias económicas hacen estragos. Desde Francia, por ejemplo, Renault anuncia una reducción de 5.000 trabajadores en sus factorías (parece que la plantilla de Sevilla quedará a salvo). En España también se padecen las consecuencias de este deterioro de la economía mundial. La tasa de paro se ha situado en el segundo trimestre en el 10,4%, el Gobierno ha rebajado el crecimiento del PIB al 1,6% en 2008 y al 1% al 2009, el euribor machaca la contabilidad familiar, el precio del petróleo, pese al frenazo de la escalada especulativa de los últimos días, sigue por las nubes… Todos los analistas, hasta el propio Ministerio de Economía, sostienen que lo peor está por llegar y que la mejoría se empezará a notar en 2010. Nos quedan, pues, meses duros y nuevas subidas del desempleo y familias pasando estrecheces y dificultades. Se están poniendo desde las administraciones medidas para amortiguar la crudeza de la crisis pero aún es pronto para evaluar sus resultados. Esta crisis, la primera de la globalización, no se resuelve con recetas nacionales, el problema es de una dimensión trasnacional, con lo cual su solución se escapa de nuestras manos en gran medida. El sector más afectado en España es el de la construcción tras el estruendoso estallido de la burbuja inmobiliaria, algo lógico y casi exclusivo de nuestro país, pero su virulencia está poniendo a muchas pequeñas empresas en la cuerda floja y a muchos trabajadores en la calle. Dicen que la economía se basa en la confianza y ahora mismo hay una sensación de crisis superior incluso a la realidad. En esta sociedad postmoderna en la que nos ha tocado vivir, la apariencia es más real que que la propia realidad.