Cenotafio de Beatriz

julio 23, 2008

Hay libros que caen en tus manos por casualidad, que de no ser por una circunstancia azarosa no entraría en el horizonte de lectura y se quedaría abandonado en los anaqueles de librerías, amontonado en los depósitos de las distribuidoras o en la almoneda de las obras de ocasión. Cenotafio de Beatriz (RD Editores, 2005) fue un regalo por la compra de otro título en la Feria del Libro de Sevilla. Quien iba a imaginar que la obra de la mexicana Eve Gil encerraba una historia tan impactante y una prosa tan cuidada. A priori parecía condenada a almacenar polvo en mi biblioteca particular. Un impulso casual me llevó a devorar en poco más de tres sentadas esta obra inspirada en La Divina Comedia. Es curioso comprobar cuánto autor/a de interés apenas consigue superar la barrera del anonimato. Como en el poema teológico de Dante Alighieri, los protagonistas de Cenotafio, Dante y Beatriz, se sumergen en una espiral irracional de amor y sexo, de pasión y celos, de necesidad y de desgarro en un ambiente sórdido, en una atmósfera asfixiante de los bajos fondos de México D. F. La trama discurre por un carrusel de hoteles y pensiones de mala muerte donde los amantes se entregan a sentimientos profundos e irrefrenables, se solazan en el placer carnal y se intercambian confidencias íntimas de unos años de separación. Es una relación compleja y corrosiva que cabalga entre infiernos y paraísos particulares cuya llama prende por el amor infinito que se profesa la pareja. Beatriz es un personaje que se desarrolla entre la ficción y la realidad, con un pasado oscuro, enigmático y samaritano que se desmadeja en el transcurso de las 229 páginas. Eve Gil (Sonora, México, 1968), prácticamente desconocida en el universo de las letras hispanas, pertenece a la nueva narrativa mexicana, cuenta con el aval del público y de la crítica de su país y atesora varios premio literarios y periodísticos. A ese público me sumo yo después de saborear este libro.

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