Lo mismo de siempre. Algunos montan una escandalera por el vuelo de una mosca. Son especialistas en la exageración, en la sobreactuación, en el dramatismo. El tono apocalíptico de algunos próceres recuerda las salmodias de los curas en tiempos oscuros de la historia de España. Siempre metiendo miedo, siempre asustando con otra vida rodeado por las llamas en el averno, siempre augurando el castigo eterno a aquéllos que se descarríen. En esta visión catastrofista de la vida todo lo que ocurre es lo más grave de la historia de la democracia.

La última prédica del profeta Javier Arenas tiene que ver con un informe de la Cámara de Cuentas sobre el ejercicio de 2006 de la Radio Televisión de Andalucía (RTVA). El gran pecado de la agencia empresarial pública es que no habría cumplido la ley de Contratos del Estado. El inquisidor Arenas eleva su voz atronadora y concluye que constituyen “un auténtico escándalo las irregularidades e incumplimientos sistemáticos” de RTVA y, por consiguiente, “bajo ningún concepto el equipo directivo puede continuar” y aún menos su director general, Rafael Camacho (en la foto), una de sus bestias negras. Como siempre, coge el rábano por las hojas y lee la parte del informe que le interesa. Olvida el líder de la oposición un pequeño detalle: una directiva de la Unión Europea (¿Y España es socio de este club, verdad?) exime a las empresas públicas de radio y televisión de los procedimientos de concurso para la confección de la programación. Sería un severo hándicap por dos sencillas razones: no podrían dar respuestas inmediatas en un mercado tan competitivo y desvelaría a sus antagonistas el contenido de sus parrillas. No hay ni escándalo, ni escandalillo, ni escandalete. Todo es una tempestad en un vaso de agua. Se erige un tumulto mediático basado en una falsedad, y lo peor del asunto es que los medios pican. Siempre compran la mercancía averiada que vende el PP en su obsesión patológica por desgastar y desacreditar a la RTVA.

Javier Arenas se presenta a diario como campeón de la doble moral en todas y cada una de sus actuaciones. Se aplica con mucho desahogo el dicho de ‘haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga’. Como vicesecretario de Política Territorial del PP, plantea una cosa en Andalucía y sus presidentes autonómicos hacen otra en las comunidades en las que gobiernan. La gestión de Canal Sur es modélica, austera, plural y cumple con el deber de servicio público y, por si fuera poco, tiene audiencia (la cadena más vista en Andalucía y la autonómica más vista de España), mientras que en Valencia y Madrid, por ejemplo, existen televisiones públicas sectarias, con un modelo basado en el despilfarro y tienen una cuota de pantalla ínfima. Arenas, además de predicar, hay que dar trigo.