Subconsciente

julio 3, 2008

Algunas palabras se desgastan, pierden su verdadero significado, con el mal uso. Es bastante habitual en la disputa política el manoseo de determinados conceptos. Ocurre en todos las sitios, sin excepción. Eso sí, en unas casas cuecen habas y en otras calderadas. No pretendo escudarme en el socorrido ‘y tu más’, más bien constatar una práctica que navega entre la hipérbole y la demagogia y que provoca cierto estupor, cuando no hastío, a la ciudadanía.

El popular Javier Arenas llamaba ayer fascista al socialista Luis Pizarro porque éste había respondido a unas críticas de la flamante secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, a la falta de libertades que existe, a su juicio, en Andalucía, asumiendo el discurso del régimen con el que martillea la derecha machaconamente para intentar justificar sus continuas derrotas electorales en esta tierra. La politiquería de brocha gorda no conduce a nada, sólo a elevar al presión de la caldera y a alejar a los ciudadanos de la cosa pública.

El gusto por la simplificación y el reduccionismo del que hace gala Arenas resulta intolerable, chocante e impropio de alguien que quiere ser alternativa de gobierno. ¿Quién es él para expedir los carnets de demócratas? Llamar fascista a un adversario trasciende el juego político, es una ofensa, un golpe bajo, y más cuando se le escupe a la cara a un político de izquierdas que ha sufrido la represión de la extrema derecha.

En política no todo vale. No se puede tirar por tierra el sistema porque a uno no le sonrían las urnas. Hablar de régimen en Andalucía suena a pataleta de perdedor, a solemne bobada. Aquí la gente vota libremente lo que quiere, no se persigue a nadie por pensar diferente, la libertad de expresión y el derecho al acceso a la información gozan de muy buena salud… ¿A quién quieren engañar con ese soniquete rancio? ¿Le traicionará a Arenas el subconsciente? Precisamente a él que viene de donde todos sabemos…

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