Bodas gays

Mientras en California se legalizan las bodas entre homosexuales, el Partido Popular debatirá este fin de semana en su congreso nacional una enmienda que se opone a este derecho conquistado en la pasada legislatura. La derecha española, que tiene recurrida esa ley ante el Tribunal Constitucional, demuestra ir a contracorriente y tener una concepción de la convivencia marcada por la alicorta moralina de los sectores ultras de la iglesia.

El Tribunal Supremo de California ha declarado ilegal una norma de 1977 que prohibía el enlace entre personas del mismo sexo y consideraba que el matrimonio era sólo la unión entre un hombre y una mujer. Este estado es el segundo de EEUU en reconocer este derecho a los homosexuales tras Massachussetts en 2004. La sentencia, que entró en vigor a las cinco de la tarde de ayer (hora local), ha animado a muchas parejas gays a rellenar las licencias en los ayuntamientos de los condados para acelerar las ceremonias nupciales. Ya hay colas después de tanto años de espera.

En todos los sitios se cuecen habas. Como en España, numerosas organizaciones conservadoras y religiosas preparan ya su contraataque. Esperan abolir este derecho y dar al traste con la ilusión de la influyente comunidad gay californiana. En noviembre se vota la constitución del Estado y confían en evitar que del texto desaparezca la definición de matrimonio como unión entre un hombre y una mujer.

Desterremos de una vez por todas la caspa y los prejuicios. Los sectores más retrógrados de esta España nuestra tendrían que mirar hacia adelante y adaptarse a los nuevos tiempos. Las personas homosexuales ya han sufrido durante demasiado tiempo la discriminación por su orientación sexual. Tenemos una Constitución que no admite la discriminación por razón de sexo, raza o religión. Tienen derecho a tener los mismos derechos que cualquier heterosexual. ¿Por qué le molesta a la derecha que se casen personas del mismo sexo? Algunos y algunas son militantes o simpatizantes de su propio partido. En algunas organizaciones conservadoras, incluido el PP, huele demasiado a rancio e impera el fanatismo ciego.