El día de Chikilicuatre

Hoy es el día. Después de dos meses de “perrea, perrea”, Rodolfo Chikilicuatre compite en el festival de Eurovisión. Se ha suscitado un debate social de envergadura. No es para tanto, todo es más simple: tenemos lo que queremos o lo que nos merecemos. Hay que tomárselo con sentido del humor, no como José Luis Uribarri, que abandonó el plató de TVE despechado por lo que consideraba un insulto a ‘su’ festival cuando se conoció el escrutinio.  

Si se decide elegir a nuestro representante en este trasnochado y casposo festival por cuestación popular, luego hay que aceptar el veredicto de la audiencia. Lo friki (raro, anormal, loco, estrambótico…) cada vez pega más fuerte, tiene más aceptación en nuestra sociedad, es una ruptura en los formulismos y en los buenas costumbres. Son vías de escapes, sendas de evasión de la realidad, descompresiones frente al estrés. No hay que otorgarle más trascendencia. No es síntoma de nada irrevesible.

El ‘Chiki chiki’ es una canción para una tómbola de feria, no tiene ningún valor y está repleta de expresiones soeces y de mal gusto. ¿Y qué? Es la elegida por los televidentes. Así que está noche nos representará en Belgrado. Peor que el último no podemos estar. En otras ocasiones, con artistas y temas serios, España se ha quedado enbarrancada en la cola de la clasificación. Tomémonos con deportividad la cita nocturna y a reír, que de eso se trata.

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