Querer…

…y no poder. O no saber. O simplemente porque no toca, porque el destino juguetea con los sentimientos, porque la ruleta señala azarosa un camino divergente, porque el riesgo asusta ¡Quién sabe! Lo importante, lo duro, lo traumático es que no es. O no puede ser, ¿por el momento? Tengo una pareja de amigos (él y ella, es una aclaración banal, innecesaria) que han traspapelado las coordenadas del reencuentro, que no tienen sincronizados sus relojes vitales, cuyas brújulas señalan un norte distinto. Existe una poderosa fuerza magnética, empero, que los arrastra a compartir proyecto en el mismo sidecar. ¡Juntos y revueltos! Ahora, se hacen los fuertes, remolonean con la mirada perdida, se resisten a mostrar señales de debilidad, adoptan poses de felicidad forzada, se transmiten mensajes entre líneas casi indescifrables. En su interior bulle una insatisfacción que aguijonea el estómago, una infelicidad que ahoga en las noches de soledad, un regusto amargo que les impide saborear determinados momentos. No sé adónde se dirigen esos dos convoyes cargados de pasión, pero creo que coincidirán, más pronto que tarde, en una estación en la que sonará los acordes de M Clan por megafonía. ¡Suerte para los dos!

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