Bulos, mentiras y… prevaricación

Viviendas ilegales de Marbella

Estamos saturados de tanta crispación. Hay auténticos especialistas en la hipérbole, en la estridencia y en la mentira. Es moneda habitual de cambio para algunos el ‘mancha que algo queda’. Es un estilo pendenciero de enteder la política que aleja a la ciudadanía. La gente demanda atención a sus problemas y soluciones; el ruido y la pelea cansa, desmoviliza, hastía, frustra… 

Hace unos días saltaba una noticia curiosa: el PP de Marbella, con la alcaldesa, Ángeles Titi Múñoz, al frente, había puesto en marcha una campaña de radio trufada de inexactitudes e insidias. Venían a decir las cuñas que Manuel Chaves iba a derribar todas las construcciones ilegales. Se lanza el bulo y se esconde la mano.

La decisión de la demolición o no de determinadas edificaciones está manos de la Justicia. Es lo lógico en un estado de derecho. Si los tribunales fallan, la adminsitración tendrá que ejecutar la sentencia. Ése es el abc de la democracia, la separación de poderes y el cumplimiento de las sentencias judiciales.

Hete aquí que hoy nos hemos desayunado la siguiente información: la Fiscalía de Marbella ordena investigar por qué el Ayuntamiento de Marbella no ejecuta varias sentencias firmes de derribos de viviendas ilegales. Esta desobediencia podría suponer un delito de prevaricación.

Vuelta a la tortilla. ¿Intuía Ángeles Muñoz la actuación del ministerio público y arremetió contra Chaves y la Junta para hacer electoralismo en la precampaña electoral?  La derecha no da puntadas sin hilo, no sería de extrañar este bajonazo político con los antedentes que ya llevamos en esta precampaña.  

¿Por qué el exceso por montera? ¿Por qué la mentira como eje de la comunicación política? El electorado tiene la palabra. Y memoria.

Ni una sola lágrima por el Tomate

¡Cuate, aquí no hay tomate! Se despide el Tomate, el Aquí hay tomate de Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde. ¡Qué fuerte! Este viernes echa el cierre. A enemigo que huye… ¡Qué descanso!

Telecinco nos despierta de una pesadilla, pone el candado a una ventana abierta de par en par a la frivolidad, la zafiedad, la irreverencia e, incluso, la indecencia. La razón oficial, la caída de la audiencia. Mantiene un 18% de cuota de pantalla, un share que no obstante para sí querrían muchos otros espacios.

No hay mal que cien años dure. Éste se ha prolongado durante un lustro esparciendo excrecencias por las ondas. Más de 1.000 programas. ¡No hay cuerpo que aguente tanto castigo! Es (o ha sido), sin duda, el paradigma de la telebasura. Cogió todo lo peor de otros contenedores que le precedieron, como Tómbola, y lo elevó a la enésima potencia.

El Tomate ha hurgado sin ningún respeto ni criterio en la vida privada de personajes y personajillos, de famosos y famosetes, de gente de bien y de gente para olvidar. Es un ejemplo palmario de lo que no se debe hacer en televisión: críticas despiadadas, rumores del tres al cuarto, insidias y gritos por doquier. Sus patinazos insolentes les ha costado su dinero por prescripción de sentencias judiciales.

¿Será el principio del final de la programación del corazón (podrido)? Me gustaría… Aunque sólo sea porque dan una imagen muy negativa de los profesionales del periodismo, que aparecen como cotillas que sólo viven del morbo y lo superfluo. No me hago ilusiones, vendrá una nueva plaga.