Gordillo, el ausente

El refranero es sabio. Es el fiel reflejo del sentido común, el resultado de la experiencia de nuestros ancestros. Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda y candidato de IU por Sevilla en las elecciones autonómicas, está siguiendo al pie de la letra la sentencia popular de que en boca cerrada no entran moscas.

Después de la cruenta batalla interna por desplazar a Diego Valderas a Huelva y quedarse con el cartel de la capital andaluza, ha desaparecido del escaparate. Tormenta y calma, guerra y paz, gritos y silencio… En fin, que está perdido. No sabe no contesta. Lleva más de un mes en paradero político desconocido. ¡Quien sabe dónde!
Quien lo conoce se soprende de ese férreo voto cartujano del alcalde jornalero. ¿No será que el comité de campaña de IU lo tiene confinado en su reducto serrano por temor a que su presencia en las zonas urbanas aumente la sangría de votos de su formación? Tremenda paradoja que se encierra en esta introspección de Gordillo. Todos sabemos de su tradicional locuacidad y su pertinaz insumisión ante las directrices de su organización política.

Quien mucho habla, mucho yerra. En la memoria colectiva quedan perlas de Sánchez Gordillo como la petición de la autodeterminación del País Vasco o de Andalucía, su apoyo a Batasuna o ANV, los ataques a la “monarquía borbónica franquista” o el rechazo al nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía. Con estos antecedentes, posiblemente la mejor receta para encarar las elecciones sea la prudencia y la autocensura. Y el refranero.

P.D. Leyendo el pasado martes la columna de Francisco Robles me quedé con una cierta desazón. Por un lado, me lo imaginé compartiendo plató con Jorge Javier Vázquez (¡vaya trago tomatero!); por otro, lamenté la injusticia y el desafortunado baremo sexista con los que se despachaba a gusto contra una mujer cuyas cualidades y capacidad desconoce (y posiblemente no le interese conocer para que así no se le desmonte el chiste fácil).

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