La trampa de Rajoy
junio 7, 2011
Por fin cantó la gallina. Ya sabemos que detrás de la artificial escandalera montada por el Partido Popular sobre el déficit de las comunidades autónomas (las socialistas, claro, las conservadoras son oasis en el desierto; Valencia y Murcia, reyes del descontrol contable, no merecen ni mención) sólo se escondía la estrategia de la derecha de animar al presidente Zapatero a acometer nuevos recortes para, según sus previsiones, encontrarse todas las tareas duras ejecutadas, con nuevos ajustes del estado del bienestar hechos, cuando el PP gane triunfalmente las elecciones generales en marzo de 2012 y así no tener que usar el BOE para aplicar recetas impopulares.
Relata muy acertadamente El País, en información firmada por Anabel Díez y Carlos E. Cué, los pasos desplegados por los peperos en los últimos días hasta desembocar en el tijeretazo que demanda al Gobierno socialista:
“Mariano Rajoy lleva varios días fijando la mira. Primero dejó caer que las cuentas autonómicas no eran correctas. Luego planteó auditorías. Después, que vendrían tiempos difíciles. En una comida con sus barones, analizó el supuesto déficit oculto de la sanidad. Más tarde, dijo que tendremos el Estado de bienestar que podamos permitirnos. Y ayer, aún sin disparar del todo, afinó mucho más: apuntó claramente a que serán necesarios más recortes para cumplir el objetivo del déficit, pero citó a José Luis Rodríguez Zapatero y a su Gobierno para que sean ellos los que asuman la responsabilidad de plantearlos. A partir de ahí, vino a decir, el PP será leal y colaborará.”
Más claro agua. Eso no es lealtad, más bien un trágala. El PP está achicando el espacio a Zapatero con su catastrofista mensaje y, de camino, alertará a los organismos internacionales para que den otra vuelta de tuerca a España. Ya sea por acción del Gobierno o por imposición de la Unión Europea, las huestes de la gaviota desean otra remesa de podas en el estado del bienestar. Les importa bien poco el prestigio del país o el sufrimiento de los ciudadanos. Su único objetivo es asaltar la Moncloa sin reparar en la miseria de sus métodos.
El presidente del Gobierno –se lo planteo con la humildad de mi condición de militante socialista– debería estar prevenido ante esta trampa. La responsabilidad de gestionar estos momentos delicados no está reñida con preservar las señas de identidad de un gobierno socialdemócrata. Se han de tomar las medidas que sean imprescindibles salvaguardando el ideario que nos acompaña durante los 132 años de existencia del PSOE.
Y es que cuando veas las barbas de tu vecino pelar… El caso de Portugal es paradigmático. No hay que irse tan lejos: el 22-M también. Si desde la izquierda se adoptan decisiones de corte liberal porque lo imponen las circunstancias y la coyuntura internacional, la ciudadanía vota a la derecha para que haga política de derechas.
Por cierto, el triunfador luso, el conservador Passos Coehlo, ya ha olvidado que en la campaña electoral dijo que adoptaría las mismas medidas de ajuste que el socialista Sócrates. Al final, el electorado optó por una derecha que ya anuncia recortes más severos y una reforma laboral indiscutiblemente en contra de los derechos de los trabajadores. Ésos son los riesgos de apostar por los autores intelectuales y materiales de esta profunda y larga crisis económica.
Andalucía y Extremadura
junio 14, 2010
Andalucía y Extremadura tienen muchas similitudes políticas, sociales y culturales propias de la vecindad y de una forma de entender la vida muy parecida. Desde la semana pasada cuentan con otro elemento más en común, en este caso fruto de la coyuntura económica y de una actitud social y progresista de acometer la salida de la crisis. Los presidentes de ambas comunidades, Pepe Griñán y Guillermo Fernández Vara, pusieron sobre la mesa un paquete de medidas de ajuste que, en líneas generales, perseguía subir los impuestos a los que más tienen (los bancos, las petroleras y las rentas del trabajo de más de 80.000 euros anuales), fomentar la conciencia medioambiental a través de una fiscalidad verde disuasoria, reducir gasto público sin recortar ni un euro el estado del bienestar y reestructurar el sector público para hacerlo más eficaz y útil para la sociedad.
La diferencia entre Andalucía y Extremadura se visualizó en el PP. Mientras que la masa que comanda Javier Arenas votó en contra, en la cámara extremeña el grupo que preside José Antonio Monago hizo un ejercicio de responsabilidad y dio su apoyo a un paquete de iniciativas vital en este momento económico. No entregó Monago un cheque en blanco, sólo cumplió con su obligación y con la demanda ciudadana de acuerdo político. Argumentó su postura desde el sentido común y no desde el canibalismo electoral que caracteriza a Arenas: “El PP no quiere ser el problema sino parte de la solución… El presidente ha contado con nuestro apoyo, renunciando nosotros, incluso, a cosas. Lo que esperamos ahora es que todas las medidas aprobadas a favor de la incentivación de la economía y del ahorro del gasto público se cumplan“.
¿Por qué Arenas rechaza aquí lo mismo que votan a favor en Extremadura? ¿Por qué es posible allí y no aquí el consenso? Precisamente, el encargado de poner orden en el entramado autonómico del PP es el que actúa como un pirómano en Andalucía. Arenas está cegado por el hambre de poder, por sus ansias de asaltar el Palacio de San Telmo. Esa obcecación de su jefe hace que el PP andaluz sea el partido del no, una fuerza incapaz de pactar nada, una organización que no piensa en Andalucía ni en los intereses de los andaluces, sólo en sus réditos electorales.
La ciudadanía andaluza se merece otro tipo de oposición, más responsable, más seria y menos demagógica. Y un jefe de la oposición menos urgido por sus fantasmas particulares y sus derrotas.


