Vergüenza democrática
agosto 3, 2012
¡Vaya con Gallardón! Ese político conservador que iba de moderado, de hombre de concordia, muy al estilo de la derecha europea, la esperanza para esa gente de centro que no se identifica con los halcones del Partido Popular. En siete meses como ministro de Justicia se le ha caído la careta. Ya no nos engañará más con sus poses de pseudoprogresismo y sus gestos para a la galería. Y es que de casta le viene al galgo. Basta con repasar quién o quiénes han sido sus referencias políticas para entender sus últimos actos. Con la reforma del aborto ha puesto sobre la mesa sus verdaderas credenciales. El acabose, el último despropósito, ha sido renovar el título de marqués al heredero de Queipo de Llano.
Esta decisión me produce vergüenza y una profunda indignación. ¡Cómo un gobierno democrático puede seguir homenajeando a un golpista sanguinario y responsable del asesinato de muchos inocentes durante la Guerra Civil y la represión franquista! El Ministerio de Justicia, previo pago de las tasas pertinentes, mantiene el rango nobiliario a Gonzalo Queipo de Llano Mencos, nieto del infausto general, tras la muerte de su padre. Y a Gallardón no se le ha caído la cara de vergüenza al permitir una distinción concedida por Franco a un militar sin escrúpulos, paladín de la violencia, protagonista de terribles violaciones de los derechos humanos y causante directo de un tremendo daño a nuestra sociedad.
Comparto el malestar de las organizaciones de recuperación de la memoria histórica. Esta medida, tomada de tapadillo y emboscada en el BOE, supone un insulto a la víctimas de la dictadura y a la propia democracia. En un país normal personajes tan tremebundos, despreciables y dañinos como Queipo de Llano no podrían seguir conservando unos honores manchados con sangre inocente. Echemos un vistazo por Alemania y no encontraremos a ningún nazi en los altares. A ver si aprendemos algo de esto y no sólo de los recortes de Merkel.


