Reforma contra el empleo

febrero 11, 2012

¡Qué lejos queda ya ese mantra impostado de que el PP era el partido de los trabajadores (Cospedal dixit)! El Gobierno de Rajoy ha elaborado una reforma laboral a la medida de su ideología. Histórica pero en sentido negativo por las consecuencias negativas que acarrea. El júbilo de la patronal CEOE y de otros grupos de la derecha patria evidencia el sesgo de la medida. Beneficia sin ambages a los empresarios y nos debilita a los trabajadores. En este nuevo marco laboral se abarata el despido de forma generalizada. Perdemos todos los que tenemos nómina, quedamos al albur de unos nuevos requisitos para la rescisión de contrato favorables para el patrón. Sólo con nueve meses de menos ingresos, que no de pérdidas, el empresario te puede poner de patitas en la calle y de forma procedente, con una indemnización de 20 días por año trabajado en lugar de los 45 días vigentes hasta hoy.

La reforma de Rajoy supone un recorte brutal de derechos y de la protección de los trabajadores y se traducirá en un efecto llamada para la destrucción de más empleo. Si en un panorama económico de recesión, como mínimo hasta el primer semestre de 2013, y una previsión de seis millones de parados para el año en curso, abaratar el despido de forma generalizada es como dar un cheque en blanco a los empresarios para hagan y deshagan a su antojo. Si un cambio legislativo no es la quimera para dinamizar el empleo, en este caso no sólo no se crean unas condiciones favorables para dinamizar el mercado laboral, sino que la norma empuja en sentido contrario a la destrucción de empleo.

Para redondear esta agresión a los trabajadores sin contar con los sindicatos, se hace saltar por los aires la negociación colectiva al circunscribirlo a cada empresa. Además, los trabajadores perderán los derechos laborales después de dos años de bloqueo de los convenios colectivos, que se tendrán que negociar de nuevo desde cero. Para los jóvenes se legaliza la explotación hasta los 30 años regulando un miserable contrato de prácticas y a los parados se les cambian los cursos de formación por trabajos para la comunidad y así de camino aligerar la plantilla de empleados públicos (algo así como los voluntarios que planteaba Ana Botella en Madrid).

Éste es el Gobierno del cambio hacia atrás, del retrocambio. Ha elegido competir bajando los salarios y aumentando las jornadas laborales, instaurando un modelo de relaciones laborales de países del tercer mundo, en vez de emular con países desarrollados a través del conocimiento, la innovación y la aportación de los trabajadores. Estamos en una reforma contra el empleo al alumbrar un despido más fácil y barato.

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