Rajoy también habla catalán en la intimidad

enero 24, 2012

Otra de las milongas que nos ha vendido Mariano Rajoy en los últimos tiempos es que estaba aprendiendo inglés. Visto lo visto, lo que está recibiendo son clases de catalán para hablarlo en la intimidad como hacía Aznar con Jordi Pujol en los tiempos de aquel infausto pacto del Majestic (infausto para el resto de España). Bromas aparte, llevamos varios días esperando una explicación, y convincente si no es mucho pedir, por parte del Gobierno central sobre los 759 millones que le dará a Cataluña por la puerta de atrás a cuenta de la inversión extra que recoge su Estatut. Desde que llegó el registrador a la Moncloa el mutismo y la opacidad son la marca de la casa.

Los nacionalistas catalanes se han apuntado el tanto y han sacado a la luz un acuerdo cerrado a espaldas de la sociedad española. Muy en la tradición de CiU de airear su influencia en Madrid y vender sus logros en su territorio, Josep Antoni Duran i Lleida ha deslizado este éxito para sus intereses que se hará efectivo una vez pasadas las elecciones autonómicas de Andalucía. Para Rajoy ha de ser vergonzante esta situación porque permanece callado (eso no es tanta noticia, tenemos en España un presidente que no lidera y juega al escondite) y quiere dejar su desembolso para cuando pase el 25-M y ya no tenga efecto en las urnas. Un engaño más al auditorío (y no para).

Sin embargo, la locuacidad propagandística del preboste de CiU se convierte en dardo envenenado para Rajoy. Es una patata caliente porque en este tiempo de duros recortes se tiene un trato de favor para Cataluña cuando no hay dinero para nada, se suben impuestos incumpliendo la palabra dada, se exige más sacrificios a la ciudadanía y a otras autonomías se les niega el pan y la sal y, por si no fuera suficiente, se incurre en la canallada de poner bajo sospecha la situación financiera con argumentos espurios y falsos.

Andalucía también tiene un cláusula en su carta autonómica que obliga al Estado a que las inversiones sean equivalentes al peso de la población y, por ese concepto, el Gobierno anterior reconoció una menor aportación de 1.500 millones en los últimos años. Esta cantidad más pronto que tarde tendrá que venir a esta comunidad. Rajoy no puede mirar al tendido. Él, como jefe de la oposición, apoyó esta disposición en 2006 en el Congreso durante el trámite de elaboración del texto. ¿Por qué se le da a Cataluña de tapadillo lo que se niega a Andalucía? ¡Qué lejano queda eso de que en política siempre hay que decir la verdad!

Y lo más sintomático: tanta guerra desde el PP al Estatut catalán, con la infantería fiel mediática detrás, y luego hocica ante las exigencias de CiU mientras cierra el grifo a los demás. La contradicción reside en la Moncloa.

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