Profecía cumplida
noviembre 29, 2011
El escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte publicaba en el suplemento dominical El Semanal el 15 de noviembre de 1998 un artículo que ahora, trece años después, se revela como una auténtica profecía. En cambio, los analistas económicos todo este tiempo papando moscas o enredados en la telaraña del dinero fácil… para unos pocos (¿también para ellos?). Las palabras premonitorias de Pérez-Reverte alumbran hoy el paisaje de una larga y profunda crisis económica que sufrimos por la codicia de los especuladores y por la incapacidad de arquitectura institucional para plantarles cara.
LOS AMOS DEL MUNDO
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.
Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.
Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.



noviembre 29, 2011 a las 9:49 am
Lo sabía y profetizaba Pérez Reverte… y ya por aquel entonces también cualquiera de nosotros con un mínimo de sentido común y que no tuviera tapados los ojos voluntariamente para no ver lo que se estaba empezando a cocinar a fuego lento, en concreto este potaje que lleva en ebullición años y que está a punto de derramarse por todos lados y salpicarnos a todos en el careto, y lo peor es que no sólo está hirviendo sino que además el puchero es corrosivo y altamente inflamable, las quemaduras van a ser de primer grado.