Dispensa electoral
junio 9, 2011
El ciudadano vota libremente lo que le interesa y su veredicto es inapelable durante cuatro años, hasta la siguiente cita electoral. Así funciona la democracia y la acepto desde la convicción y la confianza de que es el mejor de los sistemas. Dicho esto, sí merece la pena analizar el comportamiento del cuerpo electoral en aquellos lugares donde la corrupción campa a sus anchas. Como ocurriera en su día con Jesús Gil en Marbella, causa estupor la revalidación de absolutísimas mayorías del Partido Popular en tierras del Levante, tierras de correas y bigotes, de trajes y Minis regalados a cambio de favores administrativos, de amiguitos del alma y constructores benéficos. A la derecha no le pasa factura sus dispendios, no le cuesta nada meter la mano en la caja, es más, le da alas electorales y mejora sus resultados. Cuenta con una dispensa ciudadana que, desde el punto de vista ética, genera una profunda contradicción de las esencias del sistema democrático. En cambio a la izquierda, como debe ser, el más mínimo indicio de irregularidad le produce el desapego de una parte importante de su base electoral. No descubro nada, sólo constato una realidad que, por más que la tozudez de los hechos la reafirmen, no tiene lógica.


