Escandalazo
mayo 17, 2011
Dominique Strauss-Kahn está en el epicentro de un gran terremoto que ha destruido su rutilante carrera. Más allá de su presunción de inocencia, el supuesto intento de abuso sexual a una trabajadora del lujoso hotel donde se alojaba pone en entredicho su continuidad como director-gerente del Fondo Monetario Internacional y sus aspiraciones a competir por la Presidencia de Francia ante Nicolás Sarkozy. Todo un escándalo que lo tiene en prisión preventiva y que se une a otros lúgubres episodios de similares características que jalonan el expediente de este controvertido personaje público con fama de seductor y de un cacareado furor en el bajo vientre.
Siendo este lamentable incidente lo mollar, al calor del caso se está conociendo el desahogado tren de vida del rector de un organismo que a la gran mayoría de la población del planeta nos pone el pie en el cuello con recortes y ajustes en aras de la supuesta recuperación económica, una crisis internacional creada por la ambición de los tiburones del ultraliberalismo que ahora pagamos todos. Strauss-Kahn vivía en un hotel con una módica tarifa de 3.000 dólares al día o disfrutaba de coches de altísima gama (de 150.000 euros) sin ningún tipo de recato.
Mientras tanto el FMI pidiendo la reducción de salarios de los trabajadores, el despido libre, el recorte de la protección social o la eliminación de conquistas y derechos ciudadanos. Todo un ejemplo de cinismo para pasmo de esa inmensa mayoría que sufrimos las consecuencias de sus recetas. A esta casta que nos aplica aquello tan viejo de que ‘la letra con sangre entra’ hay que exigirle, como mínimo, más ética y decencia en sus comportamientos.
Foto.- El País.

