Ahorro energético

marzo 6, 2011

La convulsa situación de los países árabes, especialmente Libia, uno de los principales exportadores de petróleo y gas, ha propiciado un crecimiento desorbitado del barril de crudo. Los especuladores, como siempre, quieren hacer su agosto a costa de la inmensa mayoría y la OPEP, organización de países productores de este oro negro, contemporiza para sacar tajada y mantiene prácticamente el mismo número de barriles en el mercado. Así las cosas, a las naciones dependientes de esta materia prima imprescindible, como es el caso de España, nos toca sufrir y ajustarnos el cinturón ante tiempos de incertidumbre. La crisis del petróleo de los setenta del siglo pasado revolotea en nuestras memorias y este nuevo contratiempo internacional, unido al encarecimiento del precio del dinero anunciado por el Banco Central Europeo, puede abortar el incipiente escenario de recuperación económica mundial.

El Gobierno de España, con anticipación como reconocen hasta medios nada sospechosos como La Razón, ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas de ahorro energético tasado en 2.300 millones de euros. Un conjunto de acciones dirigidas no sólo a contener el gasto sino a crear hábitos de austeridad en materia de energía y a concienciar a la ciudadanía que estas fuentes son caras. Se toman decisiones cuando se tienen que adoptar. Se dispara el precio del petróleo, el litro de gasolina alcanza en España un récord histórico, con esos elementos el Ejecutivo podía haberse cruzado de brazos y taparse los ojos, como haría el Partido Popular, o reaccionar con iniciativa para amortiguar los efectos de la carestía del crudo, como ha hecho. El aumento de 10 euros del barril de petróleo supone 6.000 millones anuales en la factura energética de nuestro país. No tardaremos en escuchar a los apocalípticos voceros del PP en culpar a José Luis Rodríguez Zapatero del alza de precio de esta materia prima básica. Son así de simplones.

El paquete aprobado por el Gobierno constituye un plan de choque incardinado a una estrategia global sobre nuestro mix energético. Desde hace años se viene apostando por un cambio de modelo, con más peso de las energías renovables, con menos dependencia del petróleo y con más garantía para el medio ambiente. Se necesita reducir aún más los costes para que estas energías limpias se conviertan en fuentes predecibles y competitivas, pero vamos por el camino correcto.

El principal partido de la oposición se ha quedado en el discurso fácil. Crítica ramplona y falaz y, en cambio, ninguna sola propuesta. Se ha agarrado a la reducción a 110 km/h de la velocidad máxima en autopistas y autovías como supuesta coartada para tapar su ausencia de ideas. No es una ocurrencia obligar a levantar el pie del acelerador para conseguir ahorro. Lo hizo Estados Unidos en la crisis de 1972 rebajando a 90 km/h el límite para consumir menos combustible. Además, en la actualidad, en EEUU, Reino Unido, Noruega o Rusia no se pueden sobrepasar los 110 km/h. De alguien que aspira a gobernar este país, hay que reclamar algo más que retórica barata.

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