Patinazo de El Mundo
febrero 8, 2011
El Mundo metió ayer la pata hasta el corvejón. Cuando se hace periodismo con las vísceras, suelen ocurrir estas desgracias. Sacó una información sin tener contrastados los datos y se columpió con estrépito. Y, demostrado el yerro con elementos objetivos, a este periódico infalible le sale la prepotencia y le echa la culpa de su patinazo al empedrado. Pasemos de los juicios de valor a los fríos hechos:
Lunes 7, noticia con titular destacado en portada y que entra en las ediciones nacional, regional y local de Sevilla: El candidato del PSOE de Sevilla, salpicado por las ayudas a los ERE. La teoría sustentada en el texto, casualmente errónea, es que Juan Espadas era presidente de Egmasa en su calidad de viceconsejero de Medio Ambiente cuando se aprobó un plan de prejubilaciones a trabajadores mayores de 55 años del Infoca, un expediente que el periódico considera “bajo sospecha”, no hay ningún auto judicial que avale esta información.
Desmentido a la noticia con datos oficiales, facilitados a través de una rueda de prensa y de contactos con todo aquel medio que se interesó en recabar al versión del PSOE.
- El expediente de prejubilaciones de los trabajadores del Infoca de Egmasa se inicia en enero de 2002.
- El expediente se aprueba en septiembre de 2003.
- El protocolo de colaboración se firma en octubre de 2003.
- Y el convenio definitivo se firma con los representantes sindicales el 4 de febrero de 2004 dándose fin con ello al expediente administrativo correspondiente.
- Juan Espadas asume la presidencia de Egmasa el 11 de mayo de 2004.
Además, se niega la mayor a todo aquel que quiso escuhar: no existe ni ha existido actuación irregular alguna en el expediente de regulación de empleo de la empresa pública Egmasa a la que se refiere la citada información.
Martes 8, el asunto va escondido en portada de El Mundo en un parrafillo dentro de otra información y se relega a la sección de local para difuminar en cierta medida la pifia, se titula un texto con Juan Espadas se desvincula del ERE de Egmasa bajo sospecha y se quitan pulgas de encima apelando a que las fechas las sacaron de una comparecencia parlamentaria de la entonces consejera de Medio Ambiente en febrero de 2010. Ése es todo su arsenal argumental. Su actitud, desde un punto de vista deontológico, deja mucho que desear. Cuando uno se equivoca, se rectifica y punto. La soberbia de ciertos medios produce sonrojo. (Ningún otro medio se hace eco de la falsa noticia).
Otros detalles, cuando menos sospechosos, del quehacer profesional de El Mundo. Una redactora comunica al Departamento de Prensa el domingo bien entrada ya la tarde que sacarían la citada información. Te ponen una bomba en la puerta de tu casa, hablando siempre en sentido figurado, y no te dan tiempo a desactivarla. Jornada festiva y declinando el sol, casi sin tiempo de respuesta. Se le traslada al diario un mensaje de tranquilidad en que todo está bien hecho y así lo hace constar. Al filo de la medianoche, cuando ya se ha podido recabar toda la documentación que desmonta la burda mentira, el daño ya está hecho. La firmante de la noticia ya no atiende al teléfono. Posiblemente, en la edición de Sevilla habrían podido corregir el gazapo porque aún quedaba tiempo para el cierre.
Item más. A la hora de la mañana que escribo este post, aproximadamente las 12.03, la noticia sigue colgada en la web del rotativo (actualizada a las 11.38) y además se emplea la coartada de una declaraciones del candidato sevillano del PP, Juan Ignacio Zoido, quien haciendo un seguidismo lamentable, sale a tapar las vergüenzas de su medio amigo, aún a sabiendas que la denuncia era falsa. Planchazo también del juez en excedencia. Ni rastro de la sui géneris rectificación, por llamarla de alguna manera, que aparece en la edición de papel.
¿Intencionalidad política? Diría que sí sin temor a equivocarme. Nunca la actualidad se puede entender como sinónimo de precipitación. El Mundo podría haber esperado un día para verificar la información totalmente, pero prefirió lanzar una no noticia con fines espurios y, para más inri, luego no ha tenido la humildad de reconocer su error. Apelo a las palabras del prestigioso periodista Jean Daniel: “La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora“.


