Armas
enero 9, 2011
Todos los medios se han hecho eco con gran despliegue del tiroteo acaecido en un acto del Partido Demócrata en Arizona, con el trágico saldo de cinco muertos, entre ellos una niña de nueve años y un juez federal, y un ramillete de heridos de distinta consideración. Entre las víctimas no mortales, una congresista defensora de causas progresistas, Gabrielle Giffords, se debate entre la vida y la muerte con un balazo en la cabeza.
Estamos desgraciadamente habituados a estos episodios luctuosos en Estados Unidos, un país donde se consigue con facilidad armamento. Hasta 300 millones de armas de fuego están en manos privadas con las licencias pertinentes y parabienes oficiales, y sin contar las que circulan en el mercado negro. Esta matanza me evoca el documental Bowling for Columbine (vídeo que encabeza el post), de Michael Moore, una cruda denuncia sobre la proliferación de armas en la primera potencia y sus terribles consecuencias. Como escuchaba esta mañana en la radio, no hay ningún político de EEUU que se atreva a plantear una revisión de este ancestral y nocivo hábito de sus conciudadanos ante el riesgo de perder apoyos.
Así, como en el viejo Oeste americano, a las primeras de cambio se desenfunda la pistola. En esta ocasión, el detonante ha sido el enconado debate sobre inmigración en el citado estado norteamericano, fronterizo con México, y un genuino representante de los más radicales defensores de considerar al extranjero como delincuente ha querido resolver el debate por métodos violentos e intolerables en democracia. Si se restringiera el uso de armas en el ámbito privado, no se producirían estos lamentables incidentes con tanta frecuencia.

