Familias
enero 3, 2011
Todos los años la cúpula católica española nos da la misma monserga con su visión reduccionista de la familia. En esta edición, el cardenal Rouco Varela ha anunciado el Apocalipsis, ha lamentado las horas dramáticas que viven las familias cristianas y las animado a salvar a Europa de la supuesta crisis de valores que vislumbra la miope óptica vaticana. El discurso del purpurado me ha recordado a la película 2012, que han pasado este fin de semana en Canal+. Sólo le ha faltado pedir la construcción de arcas de Noé para sobrevivir al cataclismo venidero.
La familia no está en crisis, muy a su pesar. Lo que ocurre es que la Iglesia no ha evolucionado, se ha estancado en su visión inmovilista. En España nos encontramos familias plurales basadas en valores de igualdad y de libertad de cada uno de sus miembros. ¿Y si los demás respetamos a las familias cristianas, por qué no se respetan desde sus posiciones fanáticas otras formas de convivencia familiar? ¿Por que nos intentan imponer su moral? Si se ha superado el modelo tradicional, obedece indudablemente a la transformación que se ha producido en el país durante los últimos años, fundamentalmente por el papel que desempeñan las mujeres. La jerarquía eclesiástica española no comprende bien esta evolución y las mujeres hoy reclaman en el seno de la familia un plano de igualdad y no de sumisión y discriminación.
La cúpula católica, en el fondo, no acaba de aceptar nuevas fórmulas por su profunda misoginia. ¿Qué rol juega la mujer en la Iglesia? El de gregaria o subalterna. Ya lo vimos durante la reciente visita del Papa a Barcelona: los cardenales y próceres sentados y las monjas limpiando el altar. Es triste que los obispos no vayan al mismo ritmo que la mayoría de la ciudadanía y se nieguen a tolerar nuevos modelos de familia sin necesidad de colocar etiquetas discriminatorias.

