La concepción que la jerarquía católica tiene de la mujer no cambia por los siglos de los siglos. De acuerdo a la doctrina vaticana, los hombres son los que mandan y las mujeres, sus dóciles siervas. Benedicto XVI lo ha verbalizado con claridad durante su visita a España: “Que la mujer encuentre en el hogar y el trabajo su realización“. De conciliación y de igualdad, como en el chiste, ni hablamos. En esa línea, hemos podido ver cómo unas monjas limpiaban el altar para la misa del Papa (fotografía superior) mientras que cardenales, arzobispos, obispos y otros barandas de la curia observaban a las hermanas cumplir con su encomienda de servicio doméstico. El sumo pontífice, al igual que buena parte de la derecha nacional, echa de menos el rol que otorgaron a las mujeres los que derribaron la República mediante el golpe militar de 1936. Basta retrotraerse a las publicaciones de la época para rememorar las nostalgias conservadoras, para desnudar la imagen trasnochada que, desde estas instancias carcas, asignan a más de la mitad de la población. Ahí va un folleto de 1953:

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