Exaltación del agravio
octubre 19, 2010
Da mucho que pensar el artículo que escribe hoy, como todos los martes, José Manuel Atencia en la edición andaluza de El País. Me parece inexplicable e hiperbólica la posición cerril de algunos dirigentes de la derecha malagueña que no dejan de agitar el espantajo del agravio, de acentuar el perfil del victimismo, de presentar a una provincia con enormes potencialidades y un vigor económico incuestionable como perjudicada por conspiraciones judeo-masónicas desde Sevilla. Esa actitud denota ciertos complejos y la ausencia de reconocimiento a las fortalezas, capacidades y realidad de este maravilloso fragmento de la geografía andaluza.
A esta ola de demagogia y populismo con visos electoralistas se ha sumado Elías Bendodo, presidente provincial del Partido Popular, con el mensaje tan artero y primario como falso de que “al socialismo andaluz no le interesa que Málaga crezca”. ¡Menuda majadería! (Por no decir soplapollez). No hay base que sustente dicha teoría del abandono o el hostigamiento desde la Junta de Andalucía. Lo relata Atencia desde la objetividad y con ese estilo sarcástico que desnuda, en esta ocasión, la inconsistencia argumental del baranda pepero: “Trampea un puñado de datos de inversiones por habitantes, aderezado con medias verdades sobre los gobiernos que han impulsado las grandes obras públicas en la provincia, y esboza una teoría política que ni él mismo termina de creerse. La conclusión final la hace sin inmutarse: ‘Los dirigentes socialistas llevan en sus genes el desprecio a Málaga‘. Con esta riqueza ideológica, estén seguros de que a este dirigente del PP le espera un largo porvenir en el cargo…”.
Políticos como Elías Bendodo, aferrados a la exaltación de un olvido que sólo existe en su calenturienta estrategia electoral, no ayudan a construir el proyecto de Andalucía como un valor superior a la suma de sus ocho provincias. Les interesa en exceso su diseño político de taifas para intentar sacar tajada electoral de una percepción errónea. Escasa altura de miras o demasiado cálculo electoralista. Quizá las dos cosas al mismo tiempo.

