La derecha se molesta
junio 10, 2010
A la derecha no le gusta el plan de ajuste solidario, progresivo y valiente anunciado por el presidente de la Junta, Pepe Griñán. No le agradó a Javier Arenas, el sempiterno aspirante, que subió a la tribuna con un tono monocorde, ramplón, sin chispa, iterativo, desfondado y derrotado de antemano. El jefe de la oposición andaluza no puso sobre el tapete ninguna propuesta, desgranó sin ganas palabras huecas y muletillas desvaídas. Y lo que es peor, criticó la subida del IRPF a las rentas más altas, se mofó de la fiscalidad ecológica y satanizó el impuesto para que los bancos que trabajan en Andalucía también se mojen en la salida de la crisis. No le interesa que se recupere la economía y recobre vigor la confianza ciudadana porque considera que la coyuntura actual es su única oportunidad para ganar unas elecciones.
La salida de Arenas, previsible e insostenible, ha tenido el correlato en los medios más conservadores. Era lógico cuando el ajuste impulsado en esta tierra no toca el gasto social y afecta a los más poderosos. ABC, en su editorial Andalucía sacrificada, habla de un “debate de ideas”, y no podía ser de otro modo porque las ideologías están muy vivas y más en estos momentos de crisis, y entiende que Griñán “ha ido muy lejos en el aumento de las tributaciones”, que achaca “a la sed recaudatoria” y no a la justicia social o al intento de aquilatar el esfuerzo colectivo en función de las posibilidades de cada cual. Repartir la carga significa para el periódico de Vocento introducir “confusión” y “mirar a la galería electoral”.
El Mundo no le ha ido a la zaga a su competidor en los quioscos. El título de su principal editorial no deja lugar a la duda: No hay que subir los impuestos sino bajar los gastos. Y eso es precisamente lo que pretende el presidente Griñán: el plan se traduce en 1.583 millones de euros en 2010, de los que sólo 75 millones lo aportan las modificaciones fiscales, el resto es ahorro de dinero público. Tampoco le gusta al diario de Pedro J. Ramírez que se les exija a los bancos su cuota de sacrificio, más que un impulso “desafortunado” es un gesto pertinente y ecuánime. El texto se recrea en el tópico y en el estereotipo de la Andalucía subsidiada, pobre, resignada y sin futuro. Idéntico cliché lo traslada a Extremadura, que también ha cogido la misma senda que su comunidad autónoma vecina.
Como diría Don Quijote, ladran, luego cabalgamos. Se ha tomado una senda progresista, social y solidaria para torear este peligroso morlaco de la crisis. Al liberalismo rampante le pone más el tijeretazo al estado del bienestar.


