CajaSur se despeña

mayo 22, 2010

Estos hombres de negro y alzacuellos, que irradian a lo cutre un aire a Los Intocables de Elliot Ness, son los responsables directos de un despropósito inimaginable. Ellos, con su voto soberano y absurdo, han dejado caer a CajaSur por el abismo de la intervención del Banco de España al votar in extremis en contra de la fusión con Unicaja. Ellos han sido los que le han dado un toque de gracia (muy humano y para nada divino) a una entidad cordobesa en bancarrota, una situación de quiebra a la que han contribuido años de desmanes, despilfarro y gastos suntuarios de la mano de otro ilustre sacerdote que se creía un semidiós o un enviado celestial con una misión sagrada en este mundo.

CajaSur presenta la peculiaridad de depender de la Iglesia católica. El consejo de administración está dirigido por un obispo con mando a distancia. Seis representantes del Cabildo catedralicio, un miembro de un sindicato amarillo y cuatro impositores controlados férreamente por los deanes sumaron la mayoría suficiente para tumbar la posibilidad de fusión con la entidad malagueña, la mayor de Andalucía. En una actitud de huida hacia adelante prefirieron el suicidio a una supervivencia menos lujosa, menos fastuosa, menos pomposa. Los próceres eclesiales se aferraron al antes muerta que sencilla.

El motivo de la discordia: el pacto laboral. Los rectores de CajaSur no querían ni aligerar su plantilla ni aminorar el número de sus directivos (más en número y con mejores salarios que los de Unicaja, siendo ésta una entidad de mayor dimensión). Han abrazado el riesgo y la incertidumbre antes que la salvación que significaba Unicaja. Han optado por la vía más tortuosa y exigente de la tutela del regulador para apurar las posibilidades de mantener las prebendas y los privilegios de esa ingente casta de altos cargos que pululan al calor de las sotanas. Quizá también por aquello de ser cabeza de ratón que cola de león, de no ceder su influencia en la sociedad cordobesa, cuando en la actual situación de crisis es más necesario que nunca el fortalecimiento del sistema financiero y la línea de concentración y alianzas para tonificar la musculatura andaluza en un mercado muy competitivo y cruel.

La Iglesia, a través de sus hombres de negro, se ha inclinado a pecar por egoísmo y soberbia en lugar de aplicar el sentido común y la lógica empresarial. Comienza un camino complejo con la enorme losa de unas pérdidas de 596 millones de euros en 2009 y de 144 millones en el primer trimestre de este año. La decisión supone jugar a la ruleta rusa y pone a CajaSur en una difícil encrucijada.

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