El ajuste duro que viene (II)

mayo 13, 2010

Ya lo planteó Winston Churchill en la depresión británica provocada por la Segunda Guerra Mundial: “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. El mensaje que transmite ahora el Gobierno de España, adaptado a los nuevos tiempos, evoca las palabras del primer ministro de Reino Unido. Es el momento de la responsabilidad colectiva para apuntalar la incipiente recuperación económica. José Luis Rodríguez Zapatero ha realizado una apelación al sacrificio de todos, todos sin excepción, como vía ineludible para responder a las exigencias de nuestros compromisos europeos de contención del déficit público.

La respuesta concertada de la Unión Europea (este ajuste no es exclusivo de España) busca desactivar la presión de los tiburones financieros sobre el euro. No me arriesgo al afirmar que algunos ventajistas de la economía virtual (o no productiva) estaban poniendo en marcha una estrategia para desestabilizar a la vieja Europa con ataques sobre la moneda única. Empezaron por Grecia y afilaban sus zarpas para soliviantar a otros países a fin de saciar sus ansias de dinero. No se gobierna para los mercados, sino para el bienestar y la felicidad de la gente. Ahora bien, estamos en un torbellino donde los especuladores y los mercados intentan doblegar a la política con fines espurios y economicistas. Esa realidad ha hecho que los mandatarios europeos hagan piña y perfilen una contraofensiva con un acuerdo histórico que moviliza hasta 750.000 millones para proteger a la divisa europea de los ataques especulativos.

En este contexto, la Comisión Europea llevaba tiempo pidiendo a España un ejercicio de ajuste para cumplir con el Plan de Estabilidad antes de 2013. El Fondo Monetario Internacional no le iba a la zaga. Por si no fuera suficiente, la oposición irresponsable del PP le bailaba el agua a aquéllos que querían hacer descarrilar las cuentas nacionales con su cansina cantinela de que “España no es Grecia, pero…“. De los movimientos de los últimos días contra la Bolsa y del acuerdo europeo emanan las medidas que el Gobierno quiere poner en marcha para aminorar el gasto público.

Aparte de la buena acogida que han tenido en los mercados, la propuesta del Gobierno de España es oportuna e imprescindible. Quizá se echan en falta otras actuaciones contra las rentas más altas, las grandes fortunas o la evasión fiscal. El presidente Zapatero dejó abierta esta puerta. El vicepresidente tercero, Manuel Chaves, ha confirmado esta mañana esta hipótesis de trabajo en una entrevista en la Cadena SER. Me ha tranquilizado escuchar a Chaves, que sin concretar mucho ha asegurado que se están estudiando fórmulas para “aquellos que más tienen” y que se adoptarán a “corto plazo” porque la rebaja del déficit público requiere del “esfuerzo de todos”.

La oposición no ha defraudado. El PP dice que ya propuso estas medidas y, sin embargo, las critica, se desmarca y la emprende contra el Gobierno. Hay otra frase de Churchill que desnuda la inconsistencia de Mariano Rajoy: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

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2 comentarios a “El ajuste duro que viene (II)”

  1. rose Dijo:

    Plan de ajuste por imposición de los mercados financieros para limitar la acción de los gobiernos y estados para rentabilizar aún más su actividad. Lo reconoció ayer al responder a los dirigentes de IU. Es evidente, por tanto, que ninguna de estas medidas van dirigidas a la reactivación de nuestra maltrecha economía; muy al contrario, limitan y frenan nuestro naciente crecimiento, al tiempo que recortan nuestro derechos, y se pone en entredicho una democracia ante la que los ciudadanos y ciudadanas no tienen ningún poder de decisión.
    Punto pelota.

    Si se quieren edulcorar las medidas, como poder, se puede; pero, vamos, que no cuela.

    • Pepe, empuja... Dijo:

      Por ahí van lo tiros. Más que filosofia es cuestión matemática. Las restas y las divisiones, tratándose de euros en las actuales circunstancias suelen ser traúmaticas. Si a los altos cargos les restan un 15% y a los ricos les suben los impuestos (tampoco se van a arruinar)… Lo malo son una mayoría creciente que no puede atender necesidades básicas. Varios ayuntamientos, concretamente uno de Las
      Palmas, paga a 1600 familias, alquiler, luz y agua. Esto no es sostenible.

      ¿Nos consolamos pensando que hemos vivido unos pocos años por encima de nuestra posibilidades?


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