Es de tal magnitud, de tal gravedad, de tanta trascendencia el escándalo que rodea a la trama corrupta Gurtel que se antoja díficil de camuflar o difuminar con maniobras de contraprogramación. Lo leí anoche en el blog de Fernando Berlín y estoy totalmente de acuerdo: no es casual el procesamiento de Baltasar Garzón al calor del revuelo producido en el espacio público nacional con el levantamiento del sumario de la práctica totalidad de la investigación judicial sobre el caso Gurtel, donde han salido a la luz pública las miserias y las conductas ilícitas de una banda mafiosa que operaba en el entono (y ya veremos si con la participación) del Partido Popular. La pretensión de esta operación no es otra que desviar la atención de la opinión pública, otra cosa bien distinta es que consigan su objetivo.

Se extiende la percepción de que esta conjución en el tiempo no es azarosa ni fortuita ni accidental. El ala conservadora de la justicia parece haber sincronizado sus relojes con las necesidades del PP. En pleno fragor de Gurtel se dicta el auto contra el magistrado de la Audiencia Nacional por investigar los crímenes del franquismo, una decisión que aquí y especialmente fuera de España, desde Estados Unidos a Francia pasando por América Latina, no se entiende. Cualquier observador neutral puede colegir, además llevarse las manos a la cabeza por el contrasentido de empapelar a un juez que ha luchado denodadamente contra el terrorismo, el narcotráfico, las mafias y la corrupción, que es un intento de acallar los estragos políticos y electorales que está generando el mayor escándalo de la historia de nuestra democracia en el seno del primer partido de la oposición.

Y por si fuera poco, Garzón también ha sido uno de los que ha desenredado el ovillo putrefacto de Gurtel. ¡No hay más preguntas, señoría!

Viñeta.- Forges en El País.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 2.650 seguidores