¿Gurtel como Naseiro?

marzo 16, 2010

La derecha quiere repetir la historia. Ya se ha puesto manos a la obra en una acción concertada a todos los niveles para que parte de las pruebas decisivas que incriminan a los cabecillas de la trama de corrupción Gurtel, el mayor escándalo de la historia de la democracia española, sean consideradas ilegales. Es la misma maniobra que pusieron en marcha hace veinte años para neutralizar el denominado caso Naseiro, una causa de financiación ilegal del Partido Popular que durmió el sueño de los justos al ser declaradas inválidas las escuchas practicadas a los sospechosos.

Como entonces, la derecha ha sindicado esfuerzos. Un PP acosado por los largos tentáculos de esta hidra corrupta (desde la dirección nacional pasando por las comunidades de Madrid, Valencia, Galicia y Castilla y León) ha encontrado la complicidad de la brunete mediática y de poderes económicos para frenar la investigación del juez Baltasar Garzón. De lo publicado por algunos medios, se concluye que existen también serias sospechas de que las conexiones de esta plataforma de intereses espurios alcance al poder judicial.

Por ejemplo, uno de los jueces encargado de las escuchas del caso Gurtel se negó a investigar en 2007 una adjudicación a las empresas de la trama. La empresa UFC es propiedad de José Luis Ulibarri, uno de los imputados en este asunto. Su abogado fue el que interpuso la querella que investiga el Tribunal Supremo contra Garzón por autorizar dichas escuchas, que certifican el presunto entramado corrupto organizado en la trastienda del PP.

Si se escarba en el ámbito societario, se entiende a la perfección el fervor de algunos medios en echar por tierra el trabajo de Garzón por sus lazos mercantiles con personajes de la red ilícita. ¿Existe algún tipo de relación societaria entre Ulibarri y Unedisa, editora del diario El Mundo? ¿Qué vinculación tiene (o ha tenido) Manuel Delgado Solís, primer abogado de Francisco Correa, capo de la red, con la empresa periodística que lidera Pedro J. Ramírez? Hay más interrogantes sobre el tapete que ayudarían a entender la obsesión de determinadas cabeceras por empapelar al magistrado que intenta desenmarañar el ovillo de Gurtel.

En la política, y mucho menos en el periodismo de hoy, basado en el lucro y la influencia, nada es casual.

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