Invictus… Tal vez no
febrero 7, 2010

No es ésta, a mi juicio de cinéfilo sin pedigrí, de las mejores películas de Clint Eastwood. Me queda mejor recuerdo de cintas como Million Dollar Baby (2005), Gran Torino (2009), Mystic River (2003), Cartas desde Iwo Jima (2007) o El intercambio (2008). Fui al cine con expectación y salí ligeramente defraudado. Esperaba más de Invictus, con guión basado en el libro con el mismo título de John Carlin y con el reclamo de uno de los acontecimientos contemporáneos más relevantes, por la trayectoria de su director.
No es que desaconseje su visionado: el filme es entretenido, tiene interés por el retrato que presenta de un personaje mítico como Nelson Mandela, refleja un momento histórico apasionante, la actuación de Morgan Freeman se puede calificar de magistral, mimetizando gestos y movimientos del presidente surafricano, la cuidada factura técnica…
No obstante, como seguidor de la obra de Eastwood, entiendo que ha bajado un peldaño la intensidad de la trama. La atmósfera es pastelosa, edulcorada, descafeinada, casi de cuento de hadas, y el tránsito de la nación del apartheid al triunfo de Mandela resultó más complicado, más tenso, más traumático.
Se me antoja demasiado exagerada la metáfora del rugby como símbolo de la reconciliación nacional. La hostilidad y el rencor después de años de severa discriminación racial habían generado una brecha profunda entre la minoría poderosa blanca y la mayoría pobre negra difícil de cicatrizar con simples tititas. Sin duda, el trabajo de Mandela para popularizar (o universalizar) a los Springboks eliminó una de las barreras étnicas para la normalización de un país dividido durante décadas. Era un icono menor del monopolio blanco, la punta del iceberg de la cruda realidad de pobreza, desigualdad y hacinamiento de los negros.
Por último, el director, siguiendo el texto original, abusa de las escenas de rugby. Y no reniego de este deporte: antes de escribir este post he visto la segunda parte del Escocia-Francia del Trofeo Seis Naciones. Cansa tantos minutos de partidos y entrenamientos. Se echa de menos la otra cara de la Suráfrica que emergía del abismo.

