Periodismo del Far West
noviembre 30, 2009
En España se hace periodismo con las leyes del lejano oeste americano. Sin respetar el principio constitucional de la presunción de inocencia, se cuelga (figuradamente, claro) a cualquiera del primer árbol y se aniquila su prestigio social. Lo peor es que, en muchos casos, esa precipitación en el linchamiento público provoca errores de bulto, sonoros patinazos, monumentales pifias que agravan la consabida injusticia para con la potencial víctima del yerro. Este tipo de ejercicio profesional poco reflexivo, morboso y muy sensacionalista que explota los más bajos instintos de la gente daña mucho la credibilidad de los medios.
Este fin de semana, un joven tinerfeño ha sufrido en sus carnes los efectos de la incontinencia de estos pistoleros de la pluma o del micrófono. Al calor de la muerte de una niña de 3 años, hija de su pareja, los medios de comunicación se tomaron la justicia por su mano, se aferraron a los primeros datos y dictaminaron la culpabilidad de Diego P.V. Lo hicieron todos los medios sin excepción, aunque con distinta gradación. El titular más sangrante (o más bestia, hablando en plata) lo dio ABC en su primera página con una enorme fotografía: La mirada del asesino de una niña de tres años. Ni siquiera el diario tuvo la cautela de usar el adjetivo de presunto o posible, hizo pública su sentencia sin encomendarse a la deontología profesional o a la norma más elemental del estado de derecho.
Horas más tarde, la autopsia de los forenses despejaba cualquier sospecha sobre el joven. La muerte se debió a un traumatismo cerebral por una caída en una atracción infantil. Ni abusos sexuales ni malos tratos, un desgraciado accidente. Diego quedaba libre sin cargos, pero el daño ya estaba hecho. ¿Quién repara el sufrimiento de este ser humano? Los medios tenían faena por delante para corregir su desafuero. No tuvo el mismo tratamiento la noticia de acusación que la obligada absolución. Por ejemplo, en la primera página de ABC de la edición del 29 de noviembre no había ninguna referencia a este tremendo resbalón fruto de la voracidad amarillista y de la búsqueda ansiosa de lectores. Todo el relato del nuevo derrotero de la investigación se ventilaba en páginas interiores. Una respuesta análoga se produjo en otros competidores en el quiosco o en las ondas.
Los medios de comunicación se consideran infalibles, están instalados en una soberbia insufrible ante el reconocimiento del error propio, con los demás son justicieros implacables. La aceptación de un fallo honra a una cabecera antes sus lectores, pues se antepone la verdad al prurito profesional. El mejor remedio ante gazapos elocuentes o excesos insoportables no es mirar para otro lado, sino rectificar sin complejos. Reconforta que haya medios que actúen con humildad. Esta mañana, en el programa Meridiano, de Canal Sur TV, se ha entonado un mea culpa necesario y sincero por la injusticia cometida por el universo mediático con Nelson Arona. Ése es el camino.
PD.- Repasando las primeras páginas de la ABC de Madrid, a fuer de ser honestos, sí aparece un pequeño recuadro, con menor relevancia tipográfica que el día anterior, en la que se despacha el asunto con un título para nada autocrítico y endosando la responsabilidad a terceros: Víctima de un error. La nueva versión de los hechos se omitió en la primera plana de la edición de Sevilla, que es la que se lee por estos lares, para anunciar una tribuna de opinión de Javier Arenas.



diciembre 2, 2009 a las 6:02 pm
[...] de Iñigo Sáenz de Ugarte, Mel, Ignacio Escolar, Rosa María Artal, Júcaro, Jessica Fillol y Miguel Angel Vázquez. 36.529942 -6.292409 [...]