Mi trocito de Muro
noviembre 10, 2009

El mundo ha conmemorado con júbilo durante estos días el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Esa noche del 9 de noviembre de 1989 empezó a derrumbarse el símbolo por antonomasia de la Guerra Fría, de la división geoestratégica entre Occidente y el bloque comunista del Este. El telón de acero empezó a derruirse para dar paso a una nueva era. Un hito histórico que anoche se recreó con las piezas de un dominó gigante que simulaba la muralla que privaba a una parte del pueblo berlinés de la libertad.
La desaparición de este muro de la vergüenza constituye el momento más significativo y relevante de la historia contemporánea universal. Significa una destacada página de la historia reciente. Esta efeméride tiene un inmenso valor ideológico y emocional. Y como toda gran trama tiene sus distintas subtramas particulares. Todos nos sentimos vinculados por lazos directos o indirectos en el devenir de los grandes acontecimientos.
Guardo en mi casa como un tesoro (o como oro en paño, que dirían nuestras madres) un trozo del muro de Berlín. Un fragmento de piedra que protejo con sumo esmero con una especie de marco de metacrilato. La piedra es original y genuina. Estaba en esa época trabajando en El Correo de Andalucía y tres amigos y compañeros del periódico, Santiago Roldán, Enrique Cervera y Paco Gil Chaparro, quisieron comprobar in situ el entusiasmo de la población alemana durante las vacaciones navideñas de 1989. El trío regresó pertrechado de experiencias inolvidables y de cascotes de la frontera de hormigón que delimitaba el territorio de la extinta RDA conseguidos con sus propias manos (sería mejor decir con sus propias herramientas).
Recuerdo con mucho cariño un reportaje que escribió Enrique Cervera sobre su estancia en la capital germana, con el título Unter den linden (Bajo los tilos), una doble página que te transportaba con la precisión de un orfebre al lugar donde muchos ciudadanos europeos buscaban recuperar los años perdidos a la sombra del muro. Viví el despertar de Berlín con los ojos prestados de mis amigos. Años más tarde, ya conocí en persona la ciudad reconstruida y cosmopolita, impresionante y sugerente.

