¿Veto al progre?

octubre 24, 2009

Página ABC

Voy a relatar un hecho verídico. No al estilo Paco Gandía, por favor. No atesora uno gracejo para tanto. Me cuenta una amiga, que responde al nombre de María G., algunas cosas raras que ocurren en la edición digital de ABC de Sevilla. Intentaré ordenar la peripecia para que no resulte excesivamente liosa. El que suscribe hizo en la mañana de ayer unas declaraciones a la agencia Europa Press sobre el papelón del portavoz municipal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, en el caso Mercasevilla.

Este diario recogió en su web la noticia con el siguiente título: El PSOE critica que Zoido, juez en excedencia, “entorpezca” el trabajo de la justicia. María se interesó por la información, más aún por el hecho de conocer al autor de las declaraciones. Hasta ahí, todo correcto. En cada noticia se da la opción de dejar comentarios y aquí comienza la parte mollar. El catálogo de entradas hasta esa hora de la tarde tenía un nítido sesgo conservador: unánime censura a la gestión del gobierno municipal y animadversión al PSOE. Tampoco eso es una novedad en determinados sitios de la red.

La susodicha que sangra por la herida socialista dejó una nota de respuesta en sentido contrario de los opinantes anteriores y reclutó a algún colega para hacer lo mismo. Hete aquí, que el comentario desapareció como por ensalmo. Como genuina Tauro, no se desanimó y volvió a la carga con una segunda entrada. Nuevo truco de magia y quedó eliminada casi al instante. Y así hasta en seis ocasiones el administrador del foro borró sus reflexiones, así como otras más de tendencia progresista. La mujer me llamó por la noche indignada por, uso palabras textuales, “la censura y la manipulación” que pudo comprobar en sus propias carnes en un medio de comunicación que, al menos en teoría, “debería velar por la libertad de expresión”. ¿Quién será la mano negra? ¿Actuará por voluntad propia o por decisión editorial?

Me he quedado de piedra con la historia, aunque quiero pensar desde la ingenuidad que todo ha sido fruto de la casualidad o de una mala tarde. Ahora bien, el episodio da pie a alimentar la impresión extendida sobre el escoramiento político que caracteriza la labor de los medios de comunicación en este país. No puedo generalizar, sería injusto: no todos son iguales. Sin embargo, sí resulta abusivo el atrincheramiento partidista que se observa en algunas cabeceras.

Quizá no sea más que una anécdota, pero me pareció oportuno dejar constancia de ella en esta bitácora abierta al mundo y a todo tipo de comentarios.

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