Leña al mono…
Octubre 30, 2009

… hasta que se le caiga el pellejo. En los cotos de la derecha se ha levantado la veda a la caza de su pseudolíder. Cualquiera que pasa por allí le pega un tiro a la pieza. Sin excepción. Se ha perdido el respeto y la consideración por Mariano Rajoy. En las últimas horas se han descerrajado a bocajarro toneladas de improperios, descalificaciones, reproches y alguna grosería que dejan en mal lugar al actual jefe de la oposición española.
Nadie se ha privado, se ha decretado barra libre y se ha apuntado a la fiesta hasta el conserje de la calle Génova. El chorreo que le ha llovido tiene poderosos nombres apellidos: José María Aznar, Manuel Pizarro, Esperanza Aguirre, Juan Vicente Herrera, Miguel Ángel Rodríguez y Juan y Ricardo Costa. Y desde fuera el conjunto de creadores de opinión, incluido los más conservadores como Pedro J. Ramírez o Federico Jiménez Losantos.
Ha sido tanto el chaparrón dialéctico que hasta un alma mansa como la de Rajoy ha salido del ensimismamiento y la atonía. Ha proclamado que santo Job no hubo más que uno y que el martes tomará cartas en el asunto. Se lo tendrá que pensar en este largo fin de semana de fiestas de santos, difuntos y de la nueva moda de Halloween.
Reacción postrera y quizá estéril. El daño está hecho. La sociedad española conoce la debilidad y la ausencia de autoridad y liderazgo que atesora el político pontevedrés. Quizá el electorado de derechas pueda tolerar la corrupción instalada en los aledaños del PP (caso Gurtel o Palma Nova), por muy grande que ésta sea, pero no perdona la lasitud y la incapacidad para el mando. A la derecha le gustan los caudillos (se puede tomar en todos los sentidos), los guías indiscutibles, dirigentes que pisan fuerte, a los que no le tiembla el pulso ante nada y dan golpes sobre la mesa.
Rajoy nunca exhibió demasiado carisma ni aire marcial y el dedazo de José María Aznar le restó además mucha legitimidad ante la opinión pública. Quizá la conjunción de ambas circunstancias, unido a su talante pasivo y su falta de valentía, hayan colocado al derrotado en las dos últimas elecciones en la salida de emergencia. Mariano está tocado, al borde del abismo y los suyos merodean para empujarlo al vacío.
Foto.- www.lakodorniz.com.
¡Peligro!
Octubre 29, 2009
El aluvión de casos de corrupción acaecido en las últimas semanas puede generar un profundo desafecto de la ciudadanía hacia sus representantes. Si ya el ruido generado por el mayor escándalo de corrupción de la democracia española, que es el affaire Gurtel, junto a otras irregularidades de menor calado, parecía insoportable, el afloramiento a borbotones de nuevos episodios en un escaso margen de tiempo (Palma Nova, Palau o Millet, El Ejido y la trama vinculada a CiU y al PSC) han encendido las luces de alarma, la sirenas de emergencia suenan con estrépito y entre el bullicio ensordecedor ya se perciben las voces que alertan del peligro.
¿Qué puede pensar la opinión pública? ¿Son (somos) todos los políticos unos trincones, unos corruptos? Esa generalización sería extraordinariamente injusta: sólo unos pocos orillan la ética para ponerse las botas o llenarse las alforjas. Ahora bien, la gran mayoría honesta, de todos los signos políticos, debería arremangarse para cortar la gangrena y arbitrar medidas que hagan cada vez más difícil que se produzcan estos lamentables espectáculos que dañan la esencia y los pilares de la democracia.
La reflexión sobre el hartazgo que está generando esta cascada de hechos indignos y desmoralizadores me lleva rondando varios días por la cabeza. Esta mañana me he topado con un oportuno artículo de Ignacio Sotelo en El País, un texto pertinente y severo, contundente y aleccionador, que profundiza en este cúmulo de circunstancias que causa el descrédito de la política:
“Uno de los síntomas más preocupantes del estado actual de las democracias es el creciente desprestigio de los políticos, a los que se les considera tan ineptos como corruptos. De poco sirve escudarse en que no todos los políticos son iguales, una obviedad manifiesta, ni advertir de las fatales consecuencias para la estabilidad del orden político establecido, una amenaza que al menos tiene la virtud de mostrar lo hondo que esta opinión ha calado“. (Lee más)
No es tarde, ni mucho menos, se está a tiempo de evitar un daño irreparable y combatir el desapego de amplias capas de población hacia la cosa pública. No podemos tirar por tierra por inacción, pereza o indiferencia un sistema político y de convivencia por el que peleamos tantos años.
Conmoción
Octubre 28, 2009
La actualidad de las últimas veinticuatro horas nos deja algunos acontecimientos que han provocado conmoción en diferentes ámbitos de la opinión pública.
EN EL MADRIDISMO.- Los seguidores merengues se han quedado de piedra, se acostaron profundamente indignados por el soberano repaso que la dio el Alcorcón, un humilde equipo de Segunda B, a la galaxia multimillonaria de Florentino Pérez en el partido de ida de la Copa del Rey. Un 4-0 que saca los colores a la panda de chuletas soberbios y caprichosos que integran el club más laureado del mundo. Es una clara demostración de la grandeza del deporte y de que nunca hay enemigo pequeño, máxime cuando los futbolistas de elite se toman un encuentro sin interés y con absoluta displicencia. La humillación ha alcanzado una dimensión tal que hasta el propio director general del Real Madrid, Jorge Valdano, se vio forzado a pedir disculpas con urgencia. Cuando se conocen las diferencias entre ambos clubes el varapalo adquiere mayor crudeza. El modesto conjunto del cinturón urbano madrileño maneja 1,3 millones de euros de presupuesto por los 430 millones del titular del Bernabéu. Otro dato demoledor: el salario medio de los futbolistas del Alcorcón se sitúa en 36.000 euros anuales, el de los madridistas ronda los 3 millones, con la punta descollante de los 12 millones que percibe Cristiano Ronaldo, el mejor pagado del fútbol planetario, que no participó en el bochorno por lesión.
EN LA POLÍTICA CATALANA.- El juez Baltasar Garzón ha asestado un duro golpe a una trama de corrupción con vínculos con CiU y el PSC. La operación destapa un turbio asunto que se suma al del Palau, que también ponía en el ojo del huracán la financiación de los nacionalistas de Convergencia. En las filas socialistas han pillado al alcalde de Santa Coloma, cuarta ciudad de Cataluña en número de habitantes, y a su círculo de confianza. La dirección del PSC ha acusado el golpe, pero ha enarbolado sin titubeos su código ético: si se confirma la imputación del regidor y los ediles, serán suspendidos de militancia y apartados del partido. Respuesta ejemplar y tranquilizadora para la ciudadanía porque ninguna organización está exenta de contar con algunos garbanzos negros, lo importante es sacarlos de la olla nada más se descubre su presencia. La cúpula de CiU, sin embargo, ha puesto paños calientes y ha atribuido las detenciones de Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, dos pesos pesados de los gobiernos de Jordi Pujol, a cuestiones personales. La implicación de estos dos brazos ejecutores del pujolismo eleva la trascendencia de la operación y requiere de la formación nacionalista más transparencia, más firmeza en la condena de los hechos y la adopción de medidas disciplinarias cautelares sin dilación.
EN LA SEDE NACIONAL DEL PP.- Mariano Rajoy sigue cuajado con la que se le ha venido en lo alto. Me apropio de una idea de Miguel Ángel Aguilar: tiene el síndrome de la esfinge. Lo que traducido a un lenguaje más castizo sería que ni tuge ni muge. El escándalo Gurtel, el mayor caso de corrupción de la democracia española, lo tiene paralizado, sin capacidad de reacción. La pugna por el control de Caja Madrid ha acentuado aún más su perfil pusilánime y desvaído. Su falta de autoridad provoca, además, la rebelión de los barones o baronesas de su partido y de la cohorte mediática de la derecha. Todos a una voz le demandan una respuesta, que se moje, que coja el timón. Una de las cuñas de su misma madera conservadora, Federico Jiménez Losantos, ha tensado su látigo antimarianista y lo ha sentenciado: “Antes morirá que arriesgará“. En el caso de la entidad financiera, la cuarta del país, ya no caben apaños ni decisiones salomónicas: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, a través de su lugarteniente Manuel Cobo, han dejado claro que no quieren prisioneros. Lo que pasa es que Rajoy no quiere mancharse las manos para desfacer este entuerto.
Gallinero
Octubre 27, 2009

El Partido Popular está hecho unos zorros. Más allá de la tempestad del caso Gurtel, profunda depresión que aún no ha desatado toda su virulencia, el primer partido de la oposición evidencia una ausencia alarmante de mando, se asemeja a un barco a la deriva arrastrado por las corrientes de los personalismos sin que su timonel sea capaz de poner orden. El mayoral del cortijo, Mariano Rajoy, ni está ni se le espera y el gallinero se solivianta. Francino lo tildaba esta mañana en la Cadena Ser de cachazudo, suave epíteto para definir a un huevón, a un medroso, a un cagueta, a un pusilánime, a un don Tancredo con sangre de horchata, en definitiva, a un líder sin autoridad, es decir, la antítesis de lo que significa ejercer el liderazgo. No responde Rajoy ni mucho menos a la definición de líder que hace el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua: no es esa persona a la que la gente sigue reconociéndola como jefe u orientadora. Está este calmoso registrador de la propiedad esperando con parsimonia que el tiempo arregle sus problemas.
Cada día son más los pollos que cacarean en su corral. Los más gallitos sacan sus espolones y marcan sus territorios. No hay ninguna voz firme que los acalle. Esperanza Aguirre se le ha subido definitivamente a las barbas. El desapego de la lideresa hacia su jefe acumula ya trienios, pero en el pulso por el control de Caja Madrid lo ha puesto públicamente a los pies de los caballos. Aguirre ha depositado sobre la mesa todos sus reaños para colocar a su niño Ignacio González al frente de la cuarta entidad financiera de España, mientras que Rajoy no tiene carácter para imponer el nombre de Rodrigo Rato. Sonoro y bufo espectáculo para hacerse con el apetitoso caramelo. Y en Andalucía se oye la voz de un chisgarabís defendiendo la despolitización de las cajas. Suena todo a mentira entre los ecos de esta pelea de patio de vecinos.
No es sólo la presidente de Madrid la que tensa la cuerda. Francisco Camps le toma el pelo y hace de su capa un sayo en Valencia; Juan Costa clama por la restitución de su hermano Ricardo, el megapijo del Infinity, y exige a la dirección de su partido que aclare su vinculación con la panda de corruptos de la Gurtel; el PP de Alicante se desmarca y aprueba una moción de apoyo al defenestrado Ric; Manuel Fraga pone el contrapunto y se sale de guión; Manuel Cobo, el número dos de Alberto Ruiz Gallardón, arremete contra la “gestapillo” de Aguirre y vomita por el liberalismo de pacotilla de la lideresa; ésta le pide a Génova que lo expulse por criticarla; María Dolores de Cospedal tercia sin convicción en la guerra cruenta y sin cuartel en el PP madrileño…
¿Comedia de enredo o desmoronamiento de una estructura cogida con alfileres? Y Rajoy calla, se mesa la barba, se fuma un puro y mira al cielo esperando una señal divina. Ya escampará, piensa, con más paciencia que el santo Job. Cada día hay más ruido y menos orden… Y sólo se conoce una tercera parte del estruendo de la Gurtel. ¡Para amarrarse bien los machos!
Jetas
Octubre 26, 2009
El mundo está plagado de pícaros, pillos, tunantes, buscavidas, charranes… Y jetas. Éstos últimos tienen un plus de desparpajo, de desahogo, de desfachatez, de insolencia, de cinismo. Hacen lo que pueden para ganarse la vida y les importa un rábano los medios con tal de conseguir sus objetivos. Javier Arenas es el arquetipo de lo que en Andalucía conocemos como jeta. Le da igual ocho que ochenta, dice una cosa y al día siguiente la contraria sin rubor, le importa la verdad un pimiento, manipula los acontecimientos en función de sus necesidades. Presenta el genotipo del trilero y/o del mercachifle. En la esfera pública, tanta amoralidad no tiene cabida, es exigible un mínimo de integridad y coherencia, ética y algunos profundos principios.
El jefe de filas de la derecha andaluza no está atravesando un buen momento. Tiene la cabeza en frentes de otros tiempos que copan hoy la actualidad. La avalancha Gurtel está sepultando sus últimos cartuchos de supervivencia en política. Acosado por esta atmósfera hostil, con la presión judicial sobre el turbio historial de su partido y los medios de comunicación aireando la basura acumulada bajo las alfombras, ha entrado en un estado de nerviosismo y desquiciamiento exagerado. Ha pensado que la mejor defensa para sacudir la losa de la presunta corrupción pasa por poner el ventilador. Como no hay mucho que remover, las aspas aviesas han tenido que rebuscar en el pasado, desempolvando asuntos del Pentateuco, o tergiversar la realidad para darle apariencia de consistencia a su huida hacia adelante.
Dispone de poca pólvora actual y la del pasado está mojada. En su habitual mitin dominguero, Arenas se despachó a gusto: por un lado, manoseó de forma indecente la política antiterrorista y a las víctimas para arrear al Gobierno de Zapatero (¿se puede ser más rufián y desalmado?) y, por otro, en el capítulo de la corrupción se retrotrajo a tiempos remotos ya sancionados por los tribunales y endosó de forma gratuita al PSOE responsabilidades de otros escándalos (los casos de Marbella y El Ejido). Es la prueba más palpable de la desesperación del campeón de las derrotas electorales. Se recurre a la mentira cuando no nos gusta la verdad o cuando nos aferramos a ella de manera compulsiva. El presidente del PP andaluz miente con contumacia. Ese vicio tiene prescripción facultativa. Pretende reescribir la historia a su capricho sin respeto a los hechos. En su contra está que carece de credibilidad para ello, la ciudadanía lo tiene calado.
Querer cargar a los socialistas las tropelías de Jesús Gil y sus secuaces en ciudad de la Costa del Sol no cuela ni a empujones. Resulta un contradiós. Los nombres y apellidos de los responsables del asalto y del reparto del botín del Ayuntamiento de Marbella están grabados a fuego: el ex presidente del Atlético de Madrid y su banda de delincuentes. Lo que no le gusta recordar a Arenas es su coqueteo con el GIL para conseguir sillones. ¿Ya ha olvidado su pacto con Gil para obtener la presidencia de la Diputación de Málaga en 1995? ¿No tiene fresco en su memoria el fichaje por parte del PP de concejales gilistas en La Línea, San Roque o Estepona?
Ahora también busca aprovechar el desplome de Juan Enciso en El Ejido para lanzar ponzoña contra su pesadilla socialista. Sabe de más Arenas que el PSOE no tiene nada que ver con el alcalde de este municipio almeriense, está libre de polvo y paja. Lo único que existía era el pacto de gobierno en la Diputación, roto de manera fulminante cuando se han conocido los detalles de la investigación judicial y la detención de este munícipe, que amasa cargos abominables para un servidor público. El PP, a priori, nada tiene que ver en los negocios ilegales de Enciso, pero le unen muchas más cosas a su ex compañero de siglas y gaviotas hasta 2005. ¿Recuerda Arenas cuando consideraba a Enciso el mejor alcalde de España? ¿Ha borrado de su disco duro la negociación mendicante con el factótum ejidense para que no se fuera del Partido Popular? ¿Tiene aún en mente las horas que le dedicó Juan Ignacio Zoido, su embajador en este conflicto, para retener a Enciso en el seno del PP? ¿Tenía montada la trama el regidor de El Ejido en sus tiempos de pepero? ¿Cualificados dirigentes del partido de Mariano Rajoy mantenían relaciones mercantiles con cabecillas de la red desmantelada en el Poniente de Almería?
Mejor no mentar la bicha en determinados casos. El réptil se puede revolver y dejarte un buen recado. Hay veces que la osadía pasa descollantes facturas. ¡Ay, Javier, que te viene de regreso este bumerán!
Azuloscuro
Octubre 25, 2009

AZULOSCURO
Aurora Luque
No sé si te parece paradoja
pero quizá no mienta si declaro
la inmensa inteligencia del deseo:
las lentas odiseas por tu cuerpo
en el sabio navío de la búsqueda
en todos los senderos tan exacto,
propicio a saturar, con islas encendidas,
las nostalgias antiguas.
Azuloscuro y sabio es el deseo,
lira que desde lejos obligase a la danza,
a componer un himno de latidos:
la sola inteligencia de vivir
en deseo perpetuo de naufragio.
Más poemas en www.auroraluque.com.
¿Veto al progre?
Octubre 24, 2009

Voy a relatar un hecho verídico. No al estilo Paco Gandía, por favor. No atesora uno gracejo para tanto. Me cuenta una amiga, que responde al nombre de María G., algunas cosas raras que ocurren en la edición digital de ABC de Sevilla. Intentaré ordenar la peripecia para que no resulte excesivamente liosa. El que suscribe hizo en la mañana de ayer unas declaraciones a la agencia Europa Press sobre el papelón del portavoz municipal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, en el caso Mercasevilla.
Este diario recogió en su web la noticia con el siguiente título: El PSOE critica que Zoido, juez en excedencia, “entorpezca” el trabajo de la justicia. María se interesó por la información, más aún por el hecho de conocer al autor de las declaraciones. Hasta ahí, todo correcto. En cada noticia se da la opción de dejar comentarios y aquí comienza la parte mollar. El catálogo de entradas hasta esa hora de la tarde tenía un nítido sesgo conservador: unánime censura a la gestión del gobierno municipal y animadversión al PSOE. Tampoco eso es una novedad en determinados sitios de la red.
La susodicha que sangra por la herida socialista dejó una nota de respuesta en sentido contrario de los opinantes anteriores y reclutó a algún colega para hacer lo mismo. Hete aquí, que el comentario desapareció como por ensalmo. Como genuina Tauro, no se desanimó y volvió a la carga con una segunda entrada. Nuevo truco de magia y quedó eliminada casi al instante. Y así hasta en seis ocasiones el administrador del foro borró sus reflexiones, así como otras más de tendencia progresista. La mujer me llamó por la noche indignada por, uso palabras textuales, “la censura y la manipulación” que pudo comprobar en sus propias carnes en un medio de comunicación que, al menos en teoría, “debería velar por la libertad de expresión”. ¿Quién será la mano negra? ¿Actuará por voluntad propia o por decisión editorial?
Me he quedado de piedra con la historia, aunque quiero pensar desde la ingenuidad que todo ha sido fruto de la casualidad o de una mala tarde. Ahora bien, el episodio da pie a alimentar la impresión extendida sobre el escoramiento político que caracteriza la labor de los medios de comunicación en este país. No puedo generalizar, sería injusto: no todos son iguales. Sin embargo, sí resulta abusivo el atrincheramiento partidista que se observa en algunas cabeceras.
Quizá no sea más que una anécdota, pero me pareció oportuno dejar constancia de ella en esta bitácora abierta al mundo y a todo tipo de comentarios.
Camps se derrumba
Octubre 22, 2009

Abro la edición digital de El País y me agrede un titular puesto en boca de Francisco Camps. Dice el muy honorable dignatario: por un lado, que Ricardo Costa, su ¿ex número dos?, siguió sus directrices y las de Mariano Rajoy y, por otra, que sus amiguitos de alma de la trama Gurtel se han convertido de la noche a la mañana en amigos de José Luis Rodríguez Zapatero. No sé si los efectos de alguna medicación para la ansiedad producen estos detritos intelectuales, estos desvaríos monumentales, esos planteamientos irracionales y paranoides.
En clave interna de su partido, el presidente valenciano está jugando con dos barajas. Intenta contentar a su dirección nacional y no maltratar del todo a un colaborador que puede tirar la manta y dejarlo con las posaderas al aire. Ya lo insinuó Ricardo Costa en su comparecencia previa a su sacrificio en varios tiempos. Sólo había ejecutado órdenes y mantuvo el chiringuito que se encontró al llegar a la secretaría general. Camps pone un día una vela a dios y al siguiente otra al diablo. Ora hace carantoñas con Rajoy, ora reconforta al megapijo del Infinity. Ora se muestra disciplinado con la calle Génova, ora hace de su capa un sayo.
Y en el desparrame de tinta calamar, tan característico en el PP, el presidente valenciano resulta patético y pueril. Es de aurora boreal querer desembarazarse ahora de su íntima relación con Francisco Correa y Álvaro Pérez El Bigotes, a los que según los pinchazos telefónicos quería “un huevo”, y afirmar con impudicia que son amigos de Zapatero. Más allá de la risa que produce estas aseveraciones de patio de comedia, merece la pena reparar en que Camps está noqueado, que se derrumba, que se tambalea por la magnitud de la presunta corrupción destapada, un tsunami que lo está arrastrando al sumidero. Anda el PP tan nervioso (uno que tengo en la bancada de enfrente en el Parlamento de Andalucía tiene los ojitos morados de tanto sufrir) que ha decidido abrir una causa general en la comunidad valenciana contra todos los partidos para intentar tapar las sospechas más que fundadas de su financiación ilegal, de acuerdo con la investigación policial.
El sainete del caso Gurtel en Valencia acumula capítulos, se produce nueva información con vértigo, se registra una saturación de datos y componendas. Hay tanto volumen de inputs que ya cuesta seguir la pista. Se precisa muy buena memoria o un esquema para entender la dimensión y las distintas ramificaciones del mayor caso de corrupción de las más de tres décadas de democracia en España.








La última del PP provoca vergüenza y repugnancia. Que Arenas tiene una especial inquina hacia Manuel Chaves, ex presidente de la Junta y vicepresidente del Gobierno, es archiconocido. Como ya ocurre en Andalucía desde hace años, el Gobierno de España, como medida de transparencia y de calidad democrática, ha hecho público el patrimonio del presidente y sus ministros. Chaves tiene poca fortuna: poco más de 69.000 euros. A preguntas periodísticas sobre sus escasos ahorros, lo ha atribuido a que lo ha invertido en la educación de sus hijos y en viajar. En definitiva, en lo que le ha dado la gana.