El ala de un recuerdo

agosto 11, 2009


EL ALA DE UN RECUERDO
Elena Martín Vivaldi

Como un aire suave que el verano
nos deja entre la carne y acaricia,
trayéndonos, ausente, la primicia
de un otoño amarillo y más cercano.
Como un agua que llega hasta la mano,
sedienta de esperanza, y la delicia
de su frescura por la sangre inicia,
y calma el corazón. Así, lejano,
en brisas de nostalgias florecido,
el ala de un recuerdo, silencioso,
ha rozado mi alma, y, suavemente,
desde el umbral oscuro del olvido,
un sueño, de su noche, milagroso,
llega claro a mi sed con voz ausente.

La mirada

agosto 10, 2009

LA MIRADA
María Zambrano

Sólo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora. Y se detiene entonces, aunque no perdure y sólo sea fugitivamente, sin apenas duración, pues que crea así el instante. El instante que es al par indeleblemente uno y duradero. La unidad, pues, entre el instante fugitivo e inasible y lo que perdura. El instante que alcanza no ser fugitivo yéndose. Inasible. El instante que ya no está bajo la amenaza de ser cosa ni concepto. Guardado, escondido en su oscuridad, en la oscuridad propia, puede llegar a ser concepción, el instante de concebir, no siempre inadvertido.

Y así, la mirada, recogida en su oscuridad paradójicamente, saltando sobre una aporía, se abre y abre a su vez, “a la imagen y semejanza”, una especie de, circulación. La mirada recorre, abre el círculo de la aurora que sólo se dio en un punto, que se muestra como un foco, el hogar, sin duda, del horizonte. Lo que constituye su gloria inalterable.

Zambrano, M.: “La mirada”, en De la Aurora, Madrid,
Ed. Turner, 1986 p. 35

Amapolas

agosto 9, 2009

AMAPOLAS
Mª Ángeles Asensio

Tiñendo el campo de rojo,
entre el verde del matojo
al comienzo del calor;
van los grupos de amapolas
dibujando ellas solas
con la fuerza del color.
Dan la imagen de un jardín
esas manchas de carmín
que en trigales han crecido,
porque humildes florecillas
al nacer, son tan sencillas,
que no necesitan cuido.
Cuatro pétalos de flor
son el pincel creador
de un manantial de alegría,
que diseña con su hechizo
una acuarela que hizo
del paisaje, poesía.
Y esta hermosa fantasía
que va mostrando su encanto
lo mismo que una sonrisa;
al mirarlas, yo diría…
que susurran como un canto
si se mecen con la brisa.

Hubo un tiempo…

agosto 8, 2009

HUBO UN TIEMPO…
Ana Rossetti

Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.

Una pincelada de Pessoa

agosto 7, 2009

POESÍAS DE ÁLVARO DE CAMPOS
Fernando Pessoa

En el lugar de los palacios desiertos y en ruinas
a la vera del mar
leíamos, sonriendo, los secretos de las señales
de quien sabe amar.
Cualquiera que ellos sean, el destino de aquéllos
que el amor llevó
para la sombra, o en la luz se hizo la sombra de ellos,
cualquiera que fuese el vuelo.
Por cierto ellos fueron más reales y felices.

En versión original:

No lugar dos palácios desertos e em ruínas
á beira do mar,
leiamos, sorrindo, os segredos das sinas
de quem sabe amar.
Qualquer que ele seja, o destino daqueles
que o amor levou
para a sombra, ou na luz se fez a sombra deles,
qualquer fosse o voo.
Por certo eles foram mais reais e felizes.

Traducción.- Rocío Santacruz

Confesiones

agosto 6, 2009

CONFESIONES
Luis García Montero

Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan más serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.

Veda al nudismo

agosto 5, 2009

La ciudad de Cádiz tiene al menos cinco kilómetros de playa muy accesible para los bañistas y enamorados del mar. Una costa encantadora y diligentemente cuidada, limpia, atractiva… De esa enorme franja, un espacio de apenas quinientos metros muy alejado del casco urbano, a partir de la famosa Venta del Chato en dirección San Fernando, era frecuentado por ciudadanos que solían aprovechar las dunas para tomar el sol como les daba la gana, sin molestar a nadie. Es una zona de escasa ocupación por parte del público dominguero, no atrae a grandes masas ni siquiera en los días punteros. Hete aquí que el Ayuntamiento de Cádiz ha tenido un arrebato de puritanismo y ha prohibido la práctica del nudismo so multa de 750 euros. No entiendo ese recorte de libertades, esa involución a pensamientos de otras épocas más pacatas y recatadas, supone la vuelta a la moral estrecha y a enarbolar la bandera de la mojigatería. La excusa municipal no tiene fundamento: apelar a la presencia de familias falta a la verdad (se está convirtiendo en un tópico recurrente en el discurso conservador). Es una zona de poco tránsito y además los usuarios naturistas no hacían ostentación ni exhibicionismo. Simplemente supone un paso atrás muy en la línea del pensamiento neocon que se intenta imponer desde púlpitos de la derecha política, económica y religiosa.

Noticia de El País: Teófila no quiere ver desnudos.

Una brisa

agosto 4, 2009

UNA BRISA
María Victoria Atencia

Con no previsto acuerdo a mitad del verano,
en el torpe sofoco del hueco de la siesta
me recorre una brisa, nuca abajo, la espalda.
Me doblego al quehacer de su oficio envolvente,
y al sueño al que me entrego, mientras arde la tarde
en la impasible llama que no consiente tregua.

La caricia perdida

agosto 3, 2009

LA CARICIA PERDIDA
Alfonsina Storni

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos… En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará… rodará…

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

De ahora en adelante

agosto 2, 2009


DE AHORA EN ADELANTE
Jaime Gil de Biedma

Como después de un sueño,
no acertaría
a decir en qué instante sucedió.
Llamaban.
Algo, ya comenzado, no admitía espera.

Me sentí extraño al principio,
lo reconozco -tantos años
que pasaron igual que si en la luna…
Decir exactamente qué buscaba,
mi esperanza cuál fue, no me es posible
decirlo ahora,
porque en un instante
determinado todo vaciló: llamaban.
Y me sentí cercano.
Un poco de aire libre,
algo tan natural como un rumor
crece si se le escucha de repente.

Pero ya desde ahora siempre será lo mismo.
Porque de pronto el tiempo se ha colmado
y no da para más. Cada mañana
trae, como dice Auden, verbos irregulares
que es preciso aprender, o decisiones
penosas y que aguardan examen.
Todavía
hay quien cuenta conmigo. Amigos míos,
o mejor: compañeros, necesitan,
quieren lo mismo que yo quiero
y me quieren a mí también, igual
que yo me quiero.

Así que apenas puedo recordar
qué fue de varios años de mi vida,
o adónde iba cuando desperté
y no me encontré solo.

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