La espera

enero 9, 2009

El segundero avanza parsimonioso,
con su ritmo simétrico,
sin inmutarse, sin prisas,
dando una vuelta a la esfera
con cada sesenta impulsos,
no acelera, ni se precipita,
se mueve con precisión,
con un compás uniforme,
con la cadencia justa,
ni más raudo ni menos.
El tiempo no es moldeable,
no se puede amasar,
ni trabajar en el torno,
ni comprimir a nuestro antojo,
se nos escapa entre los dedos
como la arena de la playa,
es resbaladizo como un pez,
no se deja atrapar,
se escabulle de las ataduras.
Las manecillas avanzan sin parar
e irremisiblemente ponen
las cosas en su sitio.
El curso de la vida suele,
a veces, llevarte al puerto deseado,
en una pirueta del destino.
Es cuestión de esperar,
de ahormar la paciencia,
de cultivar esperanzas,
de perseverar sin desasosiego,
de saber aguardar
sin ansiedad ni agobios
ese momento anhelado.
El tiempo, a menudo,
te hace justicia.

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