Imagen de la vergüenza

Diciembre 10, 2008

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Me da pena algunas veces ser de Sevilla. Hay unos cuantos energúmenos, pocos pero con efectos implacables, que destrozan sistemáticamente los esfuerzos por embellecer y mejorar esta ya de por sí magnífica ciudad. Los vándalos campan a sus anchas. Arrasan con el mobiliario urbano, ensucian las paredes con garabatos indefinibles (una cosa son los graffitis y otra las mamarrachadas que lucen fachadas y puertas por doquier), atentan contra las apuestas culturales del Ayuntamiento… El alucinado que en la madrugada del martes arrancó de su pedestal una estatua de Dalí en la Plaza del Salvador estará disfrutando en su casa con su fechoría, refocilándose en su barbarie. ¡Menudo gilipollas! Antes ocurrió algo similar con pintadas en una exposición de escultura en la Alameda o con las continuas pintadas infames en edificios simbólicos. Pero este tipo de comportamientos dañinos repercuten de forma ostensible en la imagen de Sevilla, una población que tiene en el turismo una de sus principales fuente de riqueza y que necesita estar atractiva para captar visitantes. Y no sólo por interés hay que velar por los enseres públicos o el caserío, sino por civismo, por saber estar, por demostrar un elemental respeto a lo colectivo. ¿Quién le pone el cascabel al gato del vandalismo?

Foto: Diario de Sevilla.

Otro pelotazo

Diciembre 10, 2008

De oca a oca… Nuevo logro de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, adscrita a la Consejería de Cultura que dirige Rosa Torres. En menos de un mes han conseguido llevar esta manifestación artística y seña de identidad de nuestra tierra primero al Instituto Cervantes y ahora al Auditorio Nacional. Tanto en tan poco tiempo, derribando fronteras, abriendo horizontes, devorando desafíos, y encima lidiando en tiempos de crisis con unos presupuestos a la baja. No se puede pedir más. El director de la Agencia, Francisco Perujo, se ha apuntado otro tanto consiguiendo sustanciar una vieja aspiración de la Junta atascada desde hace años: que el Auditorio Nacional programara flamenco. No es una conquista menor, sino un paso trascendental desde el punto de vista cualitativo. Supone llevar esta disciplina a una de las mecas de la música en España. Al menos en los últimos veinte años no había ocurrido y no hay documentación anterior que certifique la presencia del flamenco en tan destacado escenario. El ritmo que ha imprimido Perujo a la gestión de la Agencia es tremendo y no ha hecho más que empezar. El objetivo es popularizar el flamenco, más si cabe, acercándolo a más gente, haciéndolo más accesible, brindando propuestas atractivas y al alcance de cualquiera. Que tiemble el mundillo, el muchacho (dicho con todo el cariño) está motivado, es incombustible, atesora brillantes ideas y posee un tesón sin límites y una voluntad de hierro. Vamos, es un Haile Gebreselassie del flamenco: no hay quien le aguante la zancada a la hora de arremangarse y ponerse a currar, y encima no pierde nunca la sonrisa y el buen humor, como el portentoso atleta etíope recordman o plusmarquista mundial de maratón (un poquito más blanquito de piel, eso sí).

PD.- Lo tengo que reconocer: Paco Perujo es mi amigo del alma, pero tan importante circunstancia no le resta un ápice a mi objetividad a la hora de escribir, de valorar un logro de este calibre o de analizar su trayectoria en la Agencia. Para celebrarlo, sin triunfalismos ni campanas repicando, un tema que sé que le gusta: Miguel Poveda, con Diego Carrasco, en la Bienal de Sevilla de 2006, interpretando Alfileres de colores. Lo vivimos en directo y cuántas veces lo hemos escuchado después  juntos, verdad, hermano.