El banquillo

Mayo 29, 2008

A Federico Jiménez Losantos, el látigo inmisericorde de las mañanas de la Cope, le salió ayer el tiro por la culata. El locutor bravucón de la emisora de los obispos comparecía en los juzgados por una demanda por injurias interpuesta contra él por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón.

Losantos (o Losdemonios, como lo llama Felipe González) quería dirimir en los tribunales un episodio más de la crisis del PP. Como testigos de su defensa llamó, además de a su cuate Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, a Ángel Acebes, Esperanza Aguirre y Eduardo Zaplana. Los tres dirigentes del PP, pese a la enemistad política y quién sabe si personal con Gallardón, se salieron del guión trazado por los generales de la brunete mediática y negaron que el alcalde de la capital sea un traidor al partido.

Federico, cariacontecido, masticando chicle de forma compulsiva y bufando, no salía de su asombro en la sala de vistas. Se ha quedado como Gary Cooper: solo ante el peligro. Los tres aguerridos representantes del ala dura del primer partido de la oposición, colaboradores necesarios de las maniobras de Losantos y Pedro J. en el torbellino precongresual del PP, se salieron por la tangente, se hicieron los olvidadizos, antepusieron el patriotismo de partido… El locutor, aún estupefacto, sentenció al salir de los juzgados: “Nunca me he fiado de los políticos”. Pues, será ahora, antes no decía lo mismo y se declaraba devoto de estas tres víctimas de marianismo.

Esta mañana, la tertulia de la Cope era un aquelarre. Todos sus integrantes, con Pedro J. a la cabeza, arropando al zaherido y resentido Federico, relamiéndose las heridas, mascullando sus inquinas, queriendo convertir en mártir al verdugo, confundiendo sus deseos con la realidad… Ahora se pone el grito en el cielo en defensa de la libertad de expresión. “Alberto, olvida los insultos y pelillos a la mar”.

En cualquier país democrático, el estilo procaz, maleducado, faltón y chocarrero no tendría cabida en ninguna emisora. Y mucho menos la mentira, la tendenciosidad, la vileza y el insulto con los que adorna su visión sesgada de la actualidad. Para cualquier periodista lo que hace este kamikaze de las ondas provoca bochorno, vergüenza e indignación. Ahí sigue, con la venia de los prelados, haciendo de esta profesión un auténtico despropósito. Le acaban de renovar el contrato un año más. Si no quieres una taza…