Cacería a la italiana

Mayo 17, 2008

De aquellos polvos, estos lodos. El regreso de Silvio Berlusconi, junto a su cohorte filofascista, ya se nota en Italia. ¡Y de qué manera! Los mensajes xenófobos han prendido la mecha. Desde el minuto uno, el nuevo gobierno italiano ha alimentado sin ningún tipo de escrúpulos las bajas pasiones. Esta actitud irresponsable se ha saldado con ataques contra asentamientos de gitanos rumanos. Los ciudadanos se han tomado la justicia por su mano, han quemado las chabolas y han agredido a sus residentes.

Berlusconi y sus aliados extremistas quieren limpiar a su país de inmigrantes sin papeles. Les molestan los pobres, aborrecen a los diferentes, desprecian a seres humanos que huyen de la miseria. Puro racismo y/o clasismo. El Gobierno italiano pretende convertir en delito la inmigración ilegal. Expulsarán del país a todos aquellos inmigrantes que no demuestren tener un nivel determinado de renta o una vivienda que se pueda catalogar de habitable.

En el caso de los rumanos se da una circunstancia paradójica: como miembros de la Unión Europea tienen derechos consagrados por la jurisdicción comunitaria que no están siendo respetados. Desde Bruselas se ve el asunto con preocupación y, además, se ha amonestado a Roma por ser el estado que menos dedica a la integración. Esas reconvenciones suenan a música de viento a orillas del Tévere, se las pasan literalmente por el arco de Constantino.

Ése es el equipo dirigente que han colocado nuestros vecinos transalpinos libremente. La involución que se palpa en Italia es alarmante. Uno de los integrantes del club del G-7, el que engloba a los más ricos del planeta, rememora viejos tiempos de duces y camisas negras. Algunos amigos de allí que viven aquí se ponen las manos en la cabeza y se reafirman en los argumentos que les hicieron salir de su nación buscando una atmósfera más respirable.