Superviviente
Abril 2, 2008
Javier Arenas posee una enorme habilidad para salvarse de la quema. Es un reputado superviviente que sabe arrimarse, casi de puntillas, al sol que más calienta. Sus bandazos pasan prácticamente desapercibidos. Se mimetiza con prontitud al entorno como los camaleones.
Se ha convertido, junto a Francisco Camps, en el principal defensor del rajoyismo. El presidente valenciano lo hace por su declarada rivalidad con el defenestrado Zaplana. El líder de la derecha andaluza, en cambio, ha encontrado en Rajoy su tabla de salvación después de otro naufragio, el tercero, en las urnas. Es justo reconocer su proverbial destreza para colocarse en el bando adecuado en el momento oportuno.
Hace unos años, vinculó su futuro al de Aznar. Hay pruebas de sobras en las hemerotecas que certifican sus vacuos testimonios. Sin embargo, se marchó aquél y él, en una extraordinaria pirueta, se refugió en Andalucía. Ahora se aferra a Mariano y vuelve a tomar aire en clave interna. ¿Qué hará cuando la estrella de Rajoy se apague? Un nuevo salto mortal y se intentará pegar a las faldas de Esperanza Aguirre. Sin problemas, Arenas muda la piel y a empezar de nuevo.
En esta ocasión parece que le han cogido la matrícula. En la guerra desatada entre parte de la derecha periodística (El Mundo, la Cope, Libertad Digital…) y Rajoy, algunos le han puesto ya precio a su cabeza. Federico Jiménez Losantos, de cruzada contra los sorayos, lo define como marmitón máximo que está componiendo el guiso de la traición a la línea dura del aznarismo que representan Aguirre, Acebes y Zaplana. Para estos antiguos aliados, Arenas no pasa de pinche de cocina, de muchacho de los recados, de correveidile de don Mariano, de cuate de Gallardón.
Arenas se ha jugado su futuro político a una carta. Su margen de maniobra es cada día más estrecho. Los años, los tropiezos electorales, sus vaivenes oportunistas y sus rocosos enemigos mediáticos achican su espacio. Tendrá que echar mano de sus mejores filigranas para salir de este callejón sin salida. Esta vez hace ‘trapecismo’ sin red… Y las caídas hacen pupa.